samedi, décembre 02, 2006

Si hay algo que me complica es escribir algo describiendo sentimientos. "Tengo miedo". "Estoy contento de estar aquí". "La tristeza me invade" (una vez más). Ahora estoy sentado en la estación de trenes, profundamente cansado (no he dormido bien en días, como ahora en noviembre), solo una vez más y tratando de leer un libro que no se termina nunca. A los mil demonios (siútico) cuando no puedes sentarte, el suelo es tan frío que te congela las piernas, pasando el aletargamiento desde el trasero a la cabeza bajando a las piernas y ya no doy más. Aquí, a diferencia de allá, no puedo encerrarme en la habitación y no ver ni hablar a nadie, como hago cuando estoy así, me gusta quedar aislado, quedar en el vacío, cerrar la puerta de mi habitación y taparme hasta la cabeza de vergüenza, la vergüenza de sentir que no puedo continuar caminando más junto a los que quiero.
Altivo, no pido nunca ayuda, sólo observo (reiterativo, una vez más lo mismo escrito) y sigo mostrando la risa que me lleva continuamente a quererlos a todos, sigo poniéndome la máscara para reírme, para no aparentar debilidad, para expresar fuerza en mis brazos, miro en el espejo un hombre que cada vez está mejor y oculta bajo esa estética de piel blanca y ojos del color que odio y quiero, un pánico a estar donde debe estar, en ese lugar que le ha sido otorgado por gracia divina o humana.
La duda es: la capacidad de llegar, de encontrar a Sabaha (la muñeca de trapo) de encontrar el hotel, de disfrutar al fin, de ser aquel que mantiene siempre a aquellos que pueden otorgarle su ayuda, el brazo para caminar (enumeraciones siempre en lo mismo). Me golpean. Me miran con cara de infinito odio, me castigan, me golpeo el pie izquierdo y el dolor es fuerte, tan fuerte como para impedirme volver a caminar.
Es en estos momentos cuando pierdo todo. Es cuando aquellos que giran en torno se alejan, con justa razón, si soy yo el que huye desesperado, pero a ningún lugar, vuelvo a la estación de trenes trato de hablar con el encargado y no llega (relatos inconexos, técnica agotada) vuelvo a tratar de sentarme y no puedo, los zancudos (sang, zanco) me han hecho pedazos las piernas que ya no soporto, tengo para escapar y no lo hago, no hay nada, lo juro, peor que tratar de escapar de un lugar en el que no se está encerrado.
Huir de ninguna parte no es la solución. Allá lejos (lugares que nadie entiende, aquí o allá puede ser cualquiera, será Europa o el presente, mi idea es confundirlos) una plegaria repentina me llevó al viejo y mediocre Hotel Praga (Prag), donde finalmente logré encontrar la habitación en la que pude huir de todo para desnudarme, mojarme completamente y dormir olvidando todo (la tumba, una vez más). Ahí fue donde me negué una vez más a declarar sentimientos, a decir: tengo miedo. Temen ustedes, temen que no llegue, que no vuelva de Belgrado, temen que no los ame como sí los amo, a todos, tal como expreso en palabras, nada de lo que digo es distinto de lo que siento. Sentir.
Tengo miedo (la clásica frase final, para pedir algo, ya gastada).

2 Comments:

Blogger Gonzalo said...

Es que para describir sentimientos, se suele recurrir a un conjunto de frases hechas que, de tan reiteradas, finalmente no expresan nada. Son sólo rótulos (a este conjunto de síntomas de nerviosismo, inquietud, angustia, agobio, etc. le llamaré "miedo"). Tus descripciones son bastante más claras que eso. Aunque suene a pésame julero, me hacen "acompañarte en el sentimiento" :)

(Por cierto, notables los paréntesis. Le temo a tus análisis)

décembre 05, 2006 6:06 PM  
Blogger Rodrigo González Lillo said...

Insisto: deberías probar escribiendo un guion... ¿Un inicio a la dramaturgia, tal vez?

décembre 06, 2006 11:32 PM  

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