Esa era, creo, una de las últimas tardes que estuve en Praga. Quise tener un tiempo para comprar algunas cosas, seguramente algunos regalos y un par de recuerdos. Me molesta no poder escribir bien Namesti Miru, pero lamentablemente no puedo hacer más, y fue ahí donde tomé, como los días anteriores, el metro hacia el centro. Tampoco recuerdo bien la estación en la cual el tren paró por unos instantes... y la vi, acompañada de un tipo alto, de lentes, chaqueta y corbata, algo serio pero agradable (supongo), y ella me miró, quizás ofreciendo su amistad, quizás queriendo escapar de él, quizás tan sólo coqueteando, no me importa mucho y no me importa porque ahora más que nunca me queda claro que el tren sólo pasó junto a la bocanada de aire frío que lo acompaña, como sus besos del final, esos que no acepté, no por despecho; el problema es que no me gustan los besos sin honestidad en los labios.Yo también la miré y sentí infinito frío, una pequeña alegría por el leve encuentro y la vi más alta de lo que es, más correcta, mejor vestida y muy conciente de su futuro, con la claridad de una madurez que no tenía y la fuerza de vivir la mejor de las vidas en ese rincón o cualquiera, paseando con alguien que realmente la amara. Acostumbro a imaginarme la vida de las personas que pasan al lado mío, elucubro fantasías y situaciones sórdidas, casas pequeñas llenas de niños, departamentos incómodos o vidas aburridas frente a un computador intentando buscar alguien a quien por despecho al hombre con el que va de la mano, pueda lograr lo que quiere. Basura que no merece ser escrita. Más de alguna vez he acertado.
Lo que ahora vengo a saber fue por qué ella me miró particularmente a mí. Ese instante se transformó en dos o tres meses enteros en los que estuve allí, la recorté en espejos, la besé y la dejé al final, cuando me di cuenta de eso que me molestó tanto, cuando él se dio cuenta de su gesto, y la aferró firme y ella se dejó acariciar, no tomó el tren, no paró en la siguiente estación ni sintió el calor que hay arriba. Me sentí profundamente incómodo. Sentí su utilización para conseguir lo imposible, muy distinto a la muchacha serbia del bar, ese otro coqueteo fue directo a los ojos, directo con todo el cuerpo en danza, sin otras intenciones, puro absolutamente, te lleva en un “tómalo o déjalo” como un trago tras otro, más y más hasta embriagarse de las hojas suaves de la magnolia, así como Sabaha conquista con sus ojos azules y su mirada de inocencia y cariño sincero, no importando si es tan sólo por amistad o por amor de pareja.
Esa mirada, la de la muchacha de la estación, no me llena de orgullo por haber estado ella con él, ni me interesa llevarla, quiero las otras, las de Sabaha y las de la niña del bar, la de la chica de nuestra fiesta también y muchas otras. Suena entonces la bocina de aviso y una voz muy suave, con un dejo de erotismo dice: “Ukončete, prosím, výstup a nástup, dveře se zavírají”. Veo caer de entre sus manos un pequeño gusano que en el aire se transforma en mosca, vuela hacia la siguiente estación, siguiendo su olor a putrefacción. No puedo quedarme ahí, resuena en mi cabeza cada día: “dveře se zavírají, dveře se zavírají, dveře se zavírají”, y el tren parte conmigo, Yo, con más vida que nunca antes, la paloma atropellada en la calle anuncia que debo partir hacia el sur y soy feliz de llevarme su sonrisa al menos y aunque no la usaré en mi dibujo, al menos se que no la quiero. Puedo discriminar: lo que quiero y lo que no. Y las puertas se cierran, dveře se zavírají, dejándome a mi en el interior del viaje y a ella congelada en la estación.


2 Comments:
Hola Ismael...veo que lo de patiperro no se te quita jajajaja si estas en santiago tenemos que juntarnos a tomar unas cervezas, para despues poder molestar al Rodrigo jejejejeje...y también para saber como va por la vida....besos miles
Tú estai listo para escribir un guion de un corto estilo David Lynch. Yo lo dirijo si quieres. Saludos... hagan un salud en mi nombre, jejeje.
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