Un pie. Primero levanta el talón, cualquiera de los dos. Luego la rodilla se curva, lenta o rápidamente, hacia adelante, la cadera se inclina sutilmente para avanzar, sin pensarlo demasiado. No se si se posa antes o después del siguiente movimiento, pero el talón opuesto también se mueve. Lo único seguro es posar con el primero para no perder el equilibrio, sin pensar, la mirada hacia adelante, fija en el punto que quieres alcanzar, es nada, es el objetivo, es el cuerpo que se mueve hacia allá, guiado por lo que tu quieras, el pecho, los hombros, la cadera, hasta llegar allá. El camino se hace así, alcanzando ese nuevo punto que es tu destino sin sentido: ya no existen esas raíces ni ese para qué ni el por qué ni desde dónde: estás perdido en esa tierra que no conoces y que sin embargo es tal como cualquier camino conocido, el pavimento bajo las zapatillas arde igual que cualquier verano, los árboles no refrescan nada y te quitan justo la sombra necesaria para seguir.¿Volar será igual? La contradicción de no tener suelo y al mismo tiempo pisar una y otra vez la tierra que no te pertenece, te deja en la más absoluta incertidumbre; seguir parece el suicidio que más de alguna vez has anhelado, ahora ahogado en el sólo hecho de conocer y conocer más; parar significa perderlo todo, hasta el más mínimo rastro de vida que va quedando en el cuerpo cansado, pero cada vez más entero, a pesar de que la espalda ya está destrozada y la cabeza poco a poco se inclina llevando con ella todo el peso para destruirse quizás a miles de kilómetros de donde naciste, aunque no quepa la menor duda que quisiste llegar hasta aquí. Falta poco. Pero ¿para qué? Difícil saber cuando caminas sobre el vacío. Ahora te has definitivamente liberado de la vida anterior, esa plena que llevaba a la tumba feliz, con seguro de vida incluido, casa amoblada y rutina garantizada. ¿Pero para qué?
A la vuelta del sendero aparece una mujer mayor, con los pantalones abajo arrodillada, los talones también en el aire. Está orinando. Qué porquería, si es rucia igual que cualquiera de tu círculo, no hay diferencia entre ella y la más vulgar de la fonda dieciochera, esa con pómulos grandes y piernas gruesas, ropa plástica seguramente con hongos hasta las axilas. La una o la otra orinarán en el parque, Plitvicka Jezera o Parque Forestal, Las Siete Tazas o las Torres del Paine, pero pasa a ser sólo una anécdota del andar. Ya estás perdido, dentro de cada circuito A, B, C, D, E, F, G, 1, 2, 3, 4 da lo mismo, lo único raro es que el parque es más pequeño de lo que habías creído y pasan autos como en la carretera de cualquier pueblo miserable, seguramente han botado un pañal o restos de pollo frito por la ventana, pero no, acá está prohibido, maldito sea aquel que se atreva a perturbar la venerable belleza de una hoja, flor o zancudo. El verde es impresionante. Los árboles son iguales, pero distintos. No, definitivamente no son las mismas hojas ni las mismas raíces. El agua inmaculada - prohibido nadar y pescar - reboza de peces y patos que se acercan como si fueras otro pato u otra trucha a ser pescada.Esto no tiene sentido. La esperanza de volver al suelo se hace más cercana y todo lo que quieres es terminar el viaje. El teléfono ha recibido un mensaje desde Chile que dice sencillamente: "si". Afirmativo sería tildado, pero es perdonable viniendo de allá, comprensible y hasta merecedor de burlas. "Si" tu estuvieras acá yo te habría amado. "Si" bailaras bien te besaría. "Si" fueras más alto te tomaría de la mano en la calle. "Sí" es distinto. El número es desconocido, por lo que buscas desesperadamente para ver si es o no el de ella, aunque claramente sabes que no es. Te haces la ilusión de que probablemente pidió el teléfono prestado y mandó el mensaje para decirte que bueno, ya que estás al final del camino, lograrás poseerla como trofeo de vitrina. La esperanza queda y el trecho apura. Hay que conocerlo todo, llegar hasta lo más profundo del parque y ojalá terminar un camino intransitable, trepar hasta lo más profundo de un riachuelo o escalar lo más alto de un monte.
A tu pesar, acá es todo perfecto. "Sí" es nada. Ahora es definitivo, ya sabes que significa la esperanza en nada, las ansias incontenibles se esfumaron como los peces cuando acercaste la mano al agua o la culebra bajo los arbustos. "Sí" es cuando estás frente a frente, contemplando su belleza y su cuerpo te lo dice indubitablemente. "Sí" es privilegio de algunos que pudieron plantar un árbol en casa evitando que se muriera. "Sí" es afirmación de promesa que no existe más que en cuentos de hadas, príncipes y princesas que viven para siempre en castillos encantados, jurándose amor eterno sin amantes ni dudas, mujeres que no pueden amar otras mujeres ni sospechar eternos juguetes sexuales. "Sí" es para los otros, los que tienen donde caminar.

2 Comments:
Es interesante pensar en tanta similitud en cosas tan simples.
Te vuelvo a felicitar por tu escritura. Una sola consulta que sustancia consumes antes de cada escrito..
Es broma, es solo que me estoy poniendo viejo... Saludos AEVP
Vodka y una cajetilla de luckies
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