c) Hay una risa psicopática que se transmite entre los otros dos cuerpos, ambos en el terreno del lenguaje saben mucho más que en el terreno de las sensaciones, es por eso que se comunican hablando sin hablar, pensando mucho más de la cuenta, pero con igual pasión logran hacerse entender. El torbellino de sudor formado entre ambos no es más que el cuerpo desnudo de la vasija cegada para evitar que tenga mayor poder, que su desenfreno entre botellas de sauvignon blanc y chardonnay llegue a niveles incontrolables y los expulse hacia la verguenza de no hacer lo correcto; por lo tanto, es necesario que la luz de la habitación esté encendida e ilumine cada detalle del cuerpo de la derecha, desde la bella curva del hombro, la curva ligera en la espalda (aquella que brinda y nos dice soy mujer), las piernas estrepitosamente largas y los pies delicados que se dejan acariciar y observar ante la más mínima provocación. También está claro que debe iluminar el cuerpo central, aunque no lo necesita, sólo suspiros y respiraciones dan las señales continuas de agitación.
d) No está claro que el otro cuerpo, aquel del lado izquierdo, deba ser iluminado salvo los ojos, puesto que su escasa perfección le impide controlar completamente la escena y puede resultar un poco torpe ante las otras dos perfecciones contempladas; por lo demás, la observación es necesaria en su poco holística y muchas veces matemática concepción del mundo. Reconociendo su inferioridad, se hace a un lado observando caricias femeninas que no le pertenecen, que parecen no terminar, piernas que no llegan a completarse, pechos que se confunden de camino, besos que se niegan a respirar, pies que no se tocan por despecho.
e) Lamentablemente, al no haber sucesos más allá de lo esperado, a pesar de que nadie ha hecho movimientos diferentes, el recuerdo cierra el telón y apaga la luz, limpia todo rastri de sudor y acaba con el frío de la niebla, no reemplazándolo por calor, dejando tan solo un vacío de vida y sólo dos cuerpos despertando con el sol de verano miserable, abrazados sí, pero inmersos en mentiras de correctitud y groseras normas de comportamiento, con el gusto del placer de la noche, pero con la lengua seca y las miradas sin encontrarse por verguenza a verse desnudos, con la certeza de que podrían haber llegado mucho más lejos si todo fuera distinto, si las historias no se tuvieran que contar abandonando los instintos para guardarlos en algo que sí es profundo, ese miserable cajón repleto de sábanas y ropa vieja usado para guarecerse de los ejércitos de fantasmas diurnos.
Amanece y sólo queda rezar por el miedo a que nazca Rocamadour destinado a morir en una habitación oscura.
d) No está claro que el otro cuerpo, aquel del lado izquierdo, deba ser iluminado salvo los ojos, puesto que su escasa perfección le impide controlar completamente la escena y puede resultar un poco torpe ante las otras dos perfecciones contempladas; por lo demás, la observación es necesaria en su poco holística y muchas veces matemática concepción del mundo. Reconociendo su inferioridad, se hace a un lado observando caricias femeninas que no le pertenecen, que parecen no terminar, piernas que no llegan a completarse, pechos que se confunden de camino, besos que se niegan a respirar, pies que no se tocan por despecho.
e) Lamentablemente, al no haber sucesos más allá de lo esperado, a pesar de que nadie ha hecho movimientos diferentes, el recuerdo cierra el telón y apaga la luz, limpia todo rastri de sudor y acaba con el frío de la niebla, no reemplazándolo por calor, dejando tan solo un vacío de vida y sólo dos cuerpos despertando con el sol de verano miserable, abrazados sí, pero inmersos en mentiras de correctitud y groseras normas de comportamiento, con el gusto del placer de la noche, pero con la lengua seca y las miradas sin encontrarse por verguenza a verse desnudos, con la certeza de que podrían haber llegado mucho más lejos si todo fuera distinto, si las historias no se tuvieran que contar abandonando los instintos para guardarlos en algo que sí es profundo, ese miserable cajón repleto de sábanas y ropa vieja usado para guarecerse de los ejércitos de fantasmas diurnos.
Amanece y sólo queda rezar por el miedo a que nazca Rocamadour destinado a morir en una habitación oscura.


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