vendredi, novembre 10, 2006


Vamos a ver gato, ahora, ¿qué pretendes hacer? Digo, de ahora en adelante, construir, rehacer o hacer, inventar, mejorar, destruir... no, ya no tienes esos sueños de destrucción que te venían como pesadillas diurnas en caminatas interminables o paseos en bus, tren, probablemente en el auto (que te quiere a pesar de todo) cuando manejas en piloto automático, es decir, sabes que vas a alguna parte pero jamás te acordarás del camino que hiciste. En definitiva, quiero saber tus nuevas intenciones.
Quiero construirme una muñeca. Un Gollem de barro, hecho de las partes de cada una de las mujeres de la historia, pero pon mucha atención: sería fácil nombrar pedazos y armar un puzzle, piernas de una cara de otra, pechos de esta, no. Eso está repetido, aburrido. Lo mío es más grande, es como esos proyectos que me gusta vivir y soñar, con fantasías que no puedes narrar y objetos que no existen en la realidad, libros de ficción en el espacio, de esos de verdad, donde la vida no es más que flujos de luz y soplidos de una boca, de una boca hermosa, pero también de abrazos en el metro, con besos que entran para derretirte la cabeza y luego se transforman en garras que apuñalan el corazón. Tiene que haber narices innombrables y miradas que inciten a besar, como un látigo que te agarra el cuello y te lleva para ser alimento de abejas que te ensarten los aguijones por todo el cuerpo, también una ligera inclinación de la cabeza y brazos extendidos para que yo la haga bajar de la gradería con sumo cuidado, porque es demasiado frágil y no puedo sostenerla, sólo soñar en un instante que está en mi mano, porque la puedo deshojar con sólo mirarla... ¿o no?
Puede ser ¿ah? Me parece que a tu idea le falta algo. Como un brillo o un anhelo legítimo, las palabras reales que permiten a todo hombre hacer lo que finalmente les de un lugar en una plaza o algún libro de historia. Necesito mayor complejidad.
También quiero silencios en el desayuno en la cama, pies recortados en los espejos, seducción de ella-s y rechazo de mi parte, para que así nunca traicione mis propios valores, no vaya a ser que en un momento me encuentre en la paradoja de amar simultáneamente, aunque creas que estoy viviendo así hace mucho tiempo, negándome una y otra vez lo que realmente soy. Quiero las manos de la bailarina, su danza pegoteada en el vientre del monstruito que he de construir, la piel del cuello debe ser tan o más tersa que los hombros que no pueden ser grandes ni fuertes. Quiero que la columna esté completamente erguida al caminar, la firmeza de los pechos y el bamboleo sutil de los brazos. En realidad, si te fijas bien, las partes físicas deben corresponder a las sensaciones que quiero, no al revés, si así no fuera, bastaría con pagar por la mejor prostituta del mercado pero el dinero no genera nada, no genera sentimientos.
Las muñecas hechas de pedazos tampoco. Vuelves continuamente a nombrar trozos de cuerpo, los sacas de ella, de la muchacha del bar, de esa otra que acercaste suavemente hacia ti sabiendo que la rechazarías, de tu musa que cortaste en los espejos. En resumen, tu tarea es bastante complicada, no se si tienes las energías para hacerlo, recuerda que te estás muriendo; además se te olvidan los gusanos en la espalda, la tumba de la que saliste, recuerda bien que no lo lograste por tus propios medios, te tuvieron que ayudar. Dudo realmente de que seas capaz. Dudo que te quedes aquí a rehacerlo. Dudo que encuentres alguna vez el lugar donde descanses. Es muy simple, tienes la condena de viajar, de cambiar, una y otra vez, volverás a Belgrado, pero te aburrirás allá, será nuevamente tu tumba, será lo que odiarás porque serás nuevamente atropellado o una jauría de perros te quebrará la columna de un mordisco, o serás envenenado por la mano de una musa, te tomarán de la cola y tu cuerpo tieso no podrá caber en el basurero.
Tengo profunda pena, de repente, después de 10 meses parece que hubiera visto tanto, me parecen años, años suficientes para poder construir con todo lo que sé mi sueño y no alcanza. Es tan poco, estoy recién aprendiendo a caminar, y el teatro parece tan inútil, ante la evidencia de que no puedo cambiar nada.
Te equivocas. Siempre quieres que pase todo y es sólo el presente el que vale. Parece que repites estas mismas palabras y tu cuerpo no las conoce. Esta vez, tu humildad te ha salvado. Dudo de ti, pero se que darás más y más pasos. Tengo fe en ti, pero no por eso puedo prestarte mi hombro para ayudarte a caminar. Felicitaciones, llegaste a Belgrado. Te tengo un regalo: la música de dos niños gitanos, uno toca el violín, el otro el acordeón, y son las melodías que a tí más te gustan.