samedi, mai 03, 2008


Can't it really be so serious.

Por un segundo fue y existió la simplicidad del viento frío, tan básico y tan evidente en la mejilla, relajando todo, haciendo todo etéreo y sin mayores complicaciones, donde los plazos y las angustias no se cumplen, donde basta respirar nada más.
Frases cliché y lugares comunes habitan en estos escritos tan salameros, tan vacíos de vida y, como se dice hoy, mamones. Vulgares. Sólo versos que pretenden ser un poco intelectuales, ladrillos de una construcción que no alcanza para ser una casona señorial ni tampoco para un poblado arqueológico diaguita descubierto por azar en una remota región desértica, ya sea en uso o deshabitado. Los pobladores son normales, demasiado normales, no conocen más allá de la espalda que forma esa cordillera a la que he vuelto a regalar unas miradas de aprecio, comunes y por sobre todo destrozadores de vida, destruyen equilibrios y creen que reemplazándolos por otros venidos del extranjero pueden hacer grandiosos castillos o enormes edificios art-deco, qué importa cómo se escriba, extranjerizantes y al mismo tiempo cegados por sus paredes.

Desde el vacío no quedan lugares donde escapar, por eso es fácil. Por eso hay simplicidad. Por eso cualquier posibilidad está abierta. Cigarrillos se consumen uno a uno y es necesario salir una y otra vez a comprar, entre tanto, el tiempo sólo pasa dejando nada, ni el deterioro del suelo se deja ver.

He dejado un volcán en erupción allá lejos en el sur, puedo arreglarlo cuando se me de la gana. Pero tengo que esperar a ver qué pasa, porque cuando hago algo, rara vez puedo controlarlo y se me escapa de las manos, es demasiado poder para alguien tan simplón. Y demasiada la espera.