jeudi, juillet 12, 2007


Marrón. Sequedad. El hombre está detenido, inmóvil en la foto, acercándose a una mujer al beso, aspereza, si se pasan los dedos por la piel puede ser seguramente un trozo de papel o cartón, o pasar los pies, sacándose los zapatos al tocar la tierra en la carretera de pleno desierto. Día nublado, nubes que no quieren soltar jamás una miserable gota en el cuerpo y un río que sólo es un lecho, una cavidad que se atraviesa a pie, recuerdo de humedad, lejanía del frío del sur, hasta las nieves son resecas.
Chevrolet Impala, ¿1959? puede resultar más parecido, maleta enorme, asientos donde el niño no puede ver el exterior, si no el inmenso panel del auto, la guantera, lejana palanca de cambios, dos o tres personas en la parte delantera de la cabina, parabrisas que no termina, observando la ciudad recorrida una y otra vez.
Caminando, tan sólo por seguir una ruta, una y otra vez, baja las calles a la playa, sube, recorre de nuevo la costanera, pies que se arrastran, cuentos e historias olvidadas, la mina El Toro, ¿quienes fueron al final? ¿japoneses o norteamericanos? siempre han hecho lo mismo, se llevan todo y no dejan nada, casas derruídas, caminos vacíos de rodaje, lagartijas buscando sombra y unas cuantas cruces siempre en 70 u 80 grados de inclinación con la tierra, no caen ni el viento las quiere botar por respeto u olvido.
Perro de pelo hirsuto, ondines blancos o más bien grises, mugre podría haber sido, yo creo que es smog, caminar cansado, ojos alegres, has llegado al fin a jugar, demos una vuelta, corramos por la plaza, saltemos, acompáñame a comprar el pan de la once, sé que eres mayor que yo, te debo respeto por tus años, lo irás a ver cuando fallezca. ¿Su nombre. monsieur perruno? Dugal para servirle.
Ahí está el Dugal. En la iglesia, muchos años después, techo alto y viento frío que entra por las puertas, el féretro se mantiene indiferente a las canciones, salvo una o dos, clichés por lo demás, evidentes, recuerdo prescrito cual receta médica aliviando corazones desdichados. Sin embargo, a unos tres metros del féretro, está sentado un perro, de pelaje cansado blanco, sin ganas ya de jugar, tan sólo venir a buscar a quien lo necesita. Observa el ataud con ojos de sabiduría, como un antiguo maestro oriental que espera a quien se va, portero de la noche eterna, vengo a acompañarte para recorrer la última caminata, o la primera, no importa, estoy contento (meneo la cola de felicidad), no vengo a recoger tus restos, no vengo a juzgarte, vengo a acompañarte. Muéstrame el camino. Es por acá. No, tonto, que sea perro no quiere decir que sea un cancerbero, bueno, es lo que hay no, si querías alguien que te viniera a buscar, quién mejor que yo. Cuando le dijeron a ella que te habías muerto, dijo: "que bueno, que se vaya al infierno", así que aquí estoy pues, te vengo a buscar.... es broma. Mírala, ahora está ahí sentada, ya no entiende nada. Sí, ella me vio... dile algo. ¿Qué puede ser? solemnidad amerita la ocasión. No, no es necesario, al revés, tienes que ser como siempre fuiste, socarronamente, picar donde duela con cariño, hazle saber que su mayor defecto es inclusive deseable, es lo que te lleva a estar con ella. "Me morí, me voy, te vengo a buscar Anita. No, es broma Anita, pero de verdad me voy, jajajaja".
No hay como escuchar el propio nombre en un funeral, aquel que se va es igual a uno mismo, refleja en cada hijo, el mismo nombre, en cada nieto, el mismo nombre, condena de asistir a enterrar al anterior, no puede ser otro quien lo haga, cada descendiente del mismo nombre tiene la misión de reir por quien se abandona al descanso eterno, de recordar la burla hasta en el sufrimiento propio, es al fin y al cabo, parte de la vida. Quien ha muerto gustaba de caminar, mejor dicho, no tenía otra alternativa, los riñones llenándose de piedras sólo se aliviaban con dicha actividad. Debo cuidar que las plañideras no me sorprendan riéndo, aunque sé que aquel en el cajón se ríe conmigo, sus propios hijos decían que para seguir caminando, le comprarían un soporte para evitar que cayera, y ante eso sólo queda reirse también. Feo me miran si no me persigno, pero es que si me persignase, seguramente lo haría mal, y una invocación al demonio no me hace gracia para quien muere, aunque lejos está más alla de cualquier alcance.
Libros que se horadaron por termitas, guardados en un refrigerador en desuso, otro maldito miserable chiste poco gracioso, son para ti, son para que los cuides, son para que los leas, líneas de letras, Smirnov relatando aventuras en la lejana Siberia, la historia del humorismo en Rumania, en Hungría, en Silesia y Gales; Poe traducido directamente del inglés, 1884, aventuras de navegantes españoles en papel de biblia con adornos a los lados, dibujos en tinta china, trazos delicados, unicornios y faunos, Andersen, Grimm, tardes en una alfombra leyendo en pantalones cortos, durmiendo y continuando la lectura, una mirada de admiración del finado y la promesa del regalo prometido.
Me voy. Lo se, no eres el primero, ni el último. Te dejo los libros. No es lo más importante, ahora sé que lo quisiste mucho, admirado, vilipendiado, pero innegable; te pido disculpas por dudar de ti. No te preocupes, me acompaña el Dugal ahora. Lo se, mi abuela lo vio, además, no te aguantaste de tirar la última talla. No, jejejeje, eso es Ismael Cortés. ¿Hay algo más que me puedas decir?. Lo demás lo sabes, tienes que estar ahí siempre. Es cierto, disculpa por no haber estado antes. No te preocupes, lo entiendo, a veces las heridas te hacen insoportable. Todo esto ha sido mucho más de lo que yo esperaba. Escúchalo ahora, y la voz de todos los demás, deja de juzgar, aprende, lee, busca tu lugar. Gracias. De nada.

1 Comments:

Blogger pabel said...

que crees tu?, los animales tendràn alma, espiritu, podran venir a buscarnos? podra la lila venir a buscarte?

juillet 20, 2007 8:30 PM  

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