
Esperar mientras la oscuridad se ciñe el traje de gris ante la ciudad que aplastante, absorbe los últimos resquemores de mi deteriorada imagen. Esperar pacientemente o saltar hacia el interior, hacia el lugar donde está abandonado, jugando en una casa inmensa, sube a los árboles para encontrar ahí los compañeros de juegos, donde se puede ver una ciudad que ha sido recordada como calurosa en verano y lluviosa y fría en invierno, pero nunca con la oscuridad que ahora sobre las luces parece deglutirlo todo con su infamia de gases infestos y nauseabundos.
Son sólo dos alternativas. Fue el cerdo volador el que me llevó finalmente a escribir todo esto. Esa tarde, ya sin energías para poder hacer más, me cambié de ropa en el trabajo, la que había llenado en la mochila y ante las llamadas insistentes de élla, tuve que apurarme aún más en ese tedioso menester que consiste en sacarse los pantalones de tela, la camisa gris verdoso, la corbata mal anudada y colocar todo impecablemente para guardarlo. Lucía la polera "Plitvicka Jezera National Park", el parque invadido por tanques de "los malos", los serbios, qué ironía después de haber estado con esa gente tan amable y tan sencilla, demacrada por la burla internacional (el único país que ha logrado su independencia sin pedirla), mutilada en tantas regiones por la guerra de mentira. Bajé el edificio pacientemente en el descensor hasta la planta baja, piso 1 en Chile, para cruzar y doblar la esquina de las más sucias entre las del centro de Santiago, hasta el quiosco del único serbio refugiado que se quedó aquí. "Disculpe, ¿usted es serbio?, sí, usted también, no, estuve hace unos meses en Belgrado, reconocí el escudo y los caracteres, ah que bien, es muy buena la gente de allá, sí, amable, ¿usted estuvo por trabajo?, no de vacaciones, se me ocurrió llegar hasta allá, ah que bien, disculpe, me tengo que ir, estoy apurado, hasta luego, que le vaya bien, adios".
Ubicar a Laura fue fácil, siempre los amigos están bajo el tipo desnudo que luce desvergonzadamente frente al estadio. Son horas interminables, minutos que pasan antes de la belleza absoluta, la voz desgastada, la misma que resuena muchas noches en mi "recámera", en mi "alcoba", una y otra vez, para decir: encontrar el camino.
El cerdo llama una vez más. Los colores del prisma retumban en la cabeza, los tonos verdes destacan junto con el azul, el púrpura, es la creación lo que importa. Continuar. Púrpura deben ser los delfines que te llevan a la profundidad, también púrpura. Los gatos quedan arriba diciéndote adiós, sin temor al abandono, han cumplido el cometido, estar cuando se necesitan, la creación es distinta. Se debe entonces tomar la cabeza, arrancar de raiz y colocarla a mirar el corazón, buscando entonces quién es el muchacho de la foto gris que cuelga mirando a alguien sentado junto al pequeño tractor de plástico.
Porque esa otra mañana, al salir del departamento, algo apurado también, abrí la puerta y entró una mariposa naranja y negro, volando hacia el interior entró en mi pieza y no supe qué hacer. Mirándola estupefacto la boca abierta y era evidente: salvarla del encierro. Nada más que abrir la ventana y guiarla hacia afuera para que se retirara tal como había entrado, el halo púrpura recorre la cabeza nuevamente.
Porque esa otra tarde, fui rápido hacia el metro, al salir del trabajo, a la reunión de tesis, y bajé por la entrada del Santiago Centro, esa grande y siempre sucia, con un mendigo en la mitad y la señora que vende porquerías abajo. Como siempre, el puesto de teléfonos móviles un poco más allá y los promotores sudando al fondo en el otro puesto. Caminando sin poner atención, se recorre la estación hasta el segundo nivel, ese donde hay que pagar y pasar la horquilla, nada raro es hundirse aún más en la tierra hasta el descanso para llegar al andén atiborrado de gente donde tendría que esperar dos trenes al menos, pero oh, sorpresa, en la escalera pasa a mi lado un pequeño pájaro verde y azul y púrpura, aleteando desesperado por salir de ahí. ¿Cómo habrá llegado hasta ahí?. ¿Pasó por el túnel de una estación a otra, desde Santa Lucía a Universidad de Chile? (Moneda no existe, sin rencores, sencillamente no existe) Pasó un hombre que lo miró con desprecio, o indiferencia, tal vez asumiendo que moriría ahí antes de llegar al piso final en el andén, un niño le avisa a su madre: "sí, es un picaflor". Quedó postrado con las alas abiertas en el suelo, en un rincón, mirando ya sin esperanzas y quizás temiendo el pisoteo final que lo arrancase del sufrimiento. Púrpura es la luz, no dudé en tomarlo entre mis manos, con miedo de hacerle algún daño y subí rápidamente, pero no sabía qué podría hacer una vez en la superficie ¿llevarlo a una pajarera? ¿soltarlo en una plaza?. Me miraban algunos, los que caminan atentos, los otros, los cansados, los que usan la cabeza agachada, no, y es sorprendente creer que se puede sentir algún pudor por llevar un ave entre las manos, o el miedo de que un guardia creyese en algún maltrato, o que alguna persona, presa de esas ansias de hacer justicia por todos lados con sus propias manos, me reprochara andar con un ser tan delicado por el metro. Qué me importa, arriba hay más aire al menos, y se agita queriendo salir. Alguien se acerca y me dice: "dónde lo encontró, allá abajo, estaba en la estación, qué hago, lo doy a alguna tienda de mascotas lo suelto en el parque, no debería estar en esta ciudad, suéltelo, no pueden vivir encerrados, necesitan estar siempre volando", y sin más se fue volando cruzó la alameda y no lo vi nunca más.
Púrpura es esa luz que sale de cada libro. Enciclopedia Cultural 8 GOTICO HOLBEIN... UNIÓN TIPOGRÁFICA EDITORIAL HISPANO AMERICANA MÉXICO. La calavera, la muerte con casco se aleja de una ciudad en llamas sobre un caballo esquelético, babeante, con el ojo izquierdo que te mira cada vez que abres el libro en esa página. Guerra de los 30 años, de los 7 años, historias, Grecia, El Greco, Universidad de Concepción, GRIMM, Atenea, Goya, Francia, URSS, banderas de países que ya no existen.
Púrpura es el reencuentro definitivo con el muchacho del tractor.

Son sólo dos alternativas. Fue el cerdo volador el que me llevó finalmente a escribir todo esto. Esa tarde, ya sin energías para poder hacer más, me cambié de ropa en el trabajo, la que había llenado en la mochila y ante las llamadas insistentes de élla, tuve que apurarme aún más en ese tedioso menester que consiste en sacarse los pantalones de tela, la camisa gris verdoso, la corbata mal anudada y colocar todo impecablemente para guardarlo. Lucía la polera "Plitvicka Jezera National Park", el parque invadido por tanques de "los malos", los serbios, qué ironía después de haber estado con esa gente tan amable y tan sencilla, demacrada por la burla internacional (el único país que ha logrado su independencia sin pedirla), mutilada en tantas regiones por la guerra de mentira. Bajé el edificio pacientemente en el descensor hasta la planta baja, piso 1 en Chile, para cruzar y doblar la esquina de las más sucias entre las del centro de Santiago, hasta el quiosco del único serbio refugiado que se quedó aquí. "Disculpe, ¿usted es serbio?, sí, usted también, no, estuve hace unos meses en Belgrado, reconocí el escudo y los caracteres, ah que bien, es muy buena la gente de allá, sí, amable, ¿usted estuvo por trabajo?, no de vacaciones, se me ocurrió llegar hasta allá, ah que bien, disculpe, me tengo que ir, estoy apurado, hasta luego, que le vaya bien, adios".
Ubicar a Laura fue fácil, siempre los amigos están bajo el tipo desnudo que luce desvergonzadamente frente al estadio. Son horas interminables, minutos que pasan antes de la belleza absoluta, la voz desgastada, la misma que resuena muchas noches en mi "recámera", en mi "alcoba", una y otra vez, para decir: encontrar el camino.
El cerdo llama una vez más. Los colores del prisma retumban en la cabeza, los tonos verdes destacan junto con el azul, el púrpura, es la creación lo que importa. Continuar. Púrpura deben ser los delfines que te llevan a la profundidad, también púrpura. Los gatos quedan arriba diciéndote adiós, sin temor al abandono, han cumplido el cometido, estar cuando se necesitan, la creación es distinta. Se debe entonces tomar la cabeza, arrancar de raiz y colocarla a mirar el corazón, buscando entonces quién es el muchacho de la foto gris que cuelga mirando a alguien sentado junto al pequeño tractor de plástico.
Porque esa otra mañana, al salir del departamento, algo apurado también, abrí la puerta y entró una mariposa naranja y negro, volando hacia el interior entró en mi pieza y no supe qué hacer. Mirándola estupefacto la boca abierta y era evidente: salvarla del encierro. Nada más que abrir la ventana y guiarla hacia afuera para que se retirara tal como había entrado, el halo púrpura recorre la cabeza nuevamente.
Porque esa otra tarde, fui rápido hacia el metro, al salir del trabajo, a la reunión de tesis, y bajé por la entrada del Santiago Centro, esa grande y siempre sucia, con un mendigo en la mitad y la señora que vende porquerías abajo. Como siempre, el puesto de teléfonos móviles un poco más allá y los promotores sudando al fondo en el otro puesto. Caminando sin poner atención, se recorre la estación hasta el segundo nivel, ese donde hay que pagar y pasar la horquilla, nada raro es hundirse aún más en la tierra hasta el descanso para llegar al andén atiborrado de gente donde tendría que esperar dos trenes al menos, pero oh, sorpresa, en la escalera pasa a mi lado un pequeño pájaro verde y azul y púrpura, aleteando desesperado por salir de ahí. ¿Cómo habrá llegado hasta ahí?. ¿Pasó por el túnel de una estación a otra, desde Santa Lucía a Universidad de Chile? (Moneda no existe, sin rencores, sencillamente no existe) Pasó un hombre que lo miró con desprecio, o indiferencia, tal vez asumiendo que moriría ahí antes de llegar al piso final en el andén, un niño le avisa a su madre: "sí, es un picaflor". Quedó postrado con las alas abiertas en el suelo, en un rincón, mirando ya sin esperanzas y quizás temiendo el pisoteo final que lo arrancase del sufrimiento. Púrpura es la luz, no dudé en tomarlo entre mis manos, con miedo de hacerle algún daño y subí rápidamente, pero no sabía qué podría hacer una vez en la superficie ¿llevarlo a una pajarera? ¿soltarlo en una plaza?. Me miraban algunos, los que caminan atentos, los otros, los cansados, los que usan la cabeza agachada, no, y es sorprendente creer que se puede sentir algún pudor por llevar un ave entre las manos, o el miedo de que un guardia creyese en algún maltrato, o que alguna persona, presa de esas ansias de hacer justicia por todos lados con sus propias manos, me reprochara andar con un ser tan delicado por el metro. Qué me importa, arriba hay más aire al menos, y se agita queriendo salir. Alguien se acerca y me dice: "dónde lo encontró, allá abajo, estaba en la estación, qué hago, lo doy a alguna tienda de mascotas lo suelto en el parque, no debería estar en esta ciudad, suéltelo, no pueden vivir encerrados, necesitan estar siempre volando", y sin más se fue volando cruzó la alameda y no lo vi nunca más.
Púrpura es esa luz que sale de cada libro. Enciclopedia Cultural 8 GOTICO HOLBEIN... UNIÓN TIPOGRÁFICA EDITORIAL HISPANO AMERICANA MÉXICO. La calavera, la muerte con casco se aleja de una ciudad en llamas sobre un caballo esquelético, babeante, con el ojo izquierdo que te mira cada vez que abres el libro en esa página. Guerra de los 30 años, de los 7 años, historias, Grecia, El Greco, Universidad de Concepción, GRIMM, Atenea, Goya, Francia, URSS, banderas de países que ya no existen.
Púrpura es el reencuentro definitivo con el muchacho del tractor.



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