lundi, décembre 25, 2006

Ustedes no sabrán jamás lo que es eso.
Sí. Les escribo a todos ustedes que leen esto. No tienen idea, porque creen que es parte de lo que viven. Así, crían hijos. Esos hijos tienen problemas que por años resolverán para mantenerse juntos. Tienen esperanza. Tienen sueños de comprar una casa y renovar el auto. Tienen sueños de vivir en otro país, donde todo es perfecto, las calles no tienen hoyos, los semáforos siempre dan verde, todos son cultos, van al teatro y los conciertos todos los fines de semana, compran colecciones de libros (que no leen), el trabajo perfecto de 9 a 16, son gerentes de grandes empresas donde explotan a los que no tienen nada; esos que les cobrarán la palabra mañana.
Te recuestas en la cama. No podrás ver el sol cuando sale, sí cuando se pone, lentamente, poco a poco llena de luz y frío la habitación, luego de estar todo el día ahí, no verás nada más. Haces el amor cuatro veces, ni una más ni una menos. Ella se posa sobre ti. Tu te posas sobre ella. El sol te brinda un calor infernal de horas y horas que no pasan rápidamente, pasan tan lento como si estuvieras esperando en la cola de un banco. Luego no hay nada.
Vuelves a recostarte sobre las sábanas llenas de sudor, llenas de todo tu cuerpo y el de ella. Los ojos se abren, pero los párpados siguen cerrados, entonces, tratas de mover una mano, pero no puedes, te ves los pies y ellos están impertérritos ahí sin vida. La respiración se va, la cabeza no se puede mover, te levantas y el cuerpo sigue ahí, recostado, tienes miedo y empiezas a respirar, pero el aire no llega, y el miedo te ha invadido.
No sabrán jamás eso, yo casi lo vi una sola vez y nunca más podré verlo. Una sola vez mi cuerpo no se movió y YO sí, y tuve miedo de continuar, traté de volver a respirar y toda la vida se acabó de repente, toda la vida continuó para siempre. Los vi en el sueño, ellos se asomaban a mirarme, a respirar, y los pude tocar sólo por una vez. Al tratar de hundirme todo era oscuridad, no podía ver nada pero sí podía sentir cómo pasaban a mi alrededor, la piel muy suave (piel suave) y mi cuerpo flotando. Tuve miedo y salí a respirar, entré al cuerpo, a respirar.
Es el primer cuento de verdad que he contado aquí. En un atardecer ellos salieron a recibirme y no me atreví a seguir. Nunca más los vi.