En el comienzo.
En el comienzo, soy capaz de verte desde arriba. Estoy sentado en una pandereta, cual Humpty-Dumpty y te veo pasar abajo, junto a tantos otros que caminan y conversan en cientos de tonos capaces de expresar las emociones más diversas, conjurando los espíritus de la razón que cada vez con menos fuerza tratan de involucrarse en las relaciones humanas, poniendo esos esquemas y procedimientos de cómo deben ser las personas, cuál es el comportamiento adecuado, cuáles son los amigos que te convienen, cuál debe ser la historia de tus vidas (llegar a viejo con la alegría de perpetuar la misma aburrida historia).
Vi la ira. Vi manipulación. Vi llanto. El aire me parece cada vez más denso. Antes (yo creía que) era muy fácil caminar por las calles, de la casa al trabajo, del trabajo al restaurant, del trabajo a los amigos, de los amigos a la esposa, del dormitorio a la cama. Ahora (no puedo evitar sentir que) en vez de caminar, estoy nadando sobre un líquido de sentimientos y miradas, amores, aprecios, engaños, desprecios, odios, rencores, auxilio y sobre todo, esperanza.
Camino más lento, pero es mejor. El llanto se me pega en los brazos, la risa me entra por la boca, el odio se me pega en la cabeza, el amor se me ha colgado al cuello, basta una sola mirada y el olor para saberlo todo. Me he equivocado, igual que antes, pero no veo la diferencia. Tantos protocolos aprendidos no me sirvieron de nada cuando al final lo único importante es lo que hice y deje de hacer. Vuelvo a estar solo, pero rodeado de tanta gente. Ayer, desde la galería del Estadio Nacional, quise escuchar mejor la música, quise estar al frente, y salí por una estrecha puerta hacia la cancha del estadio, completamente reventado por los cientos que bajaron, y cuando miré para atrás, los demás se habían quedado. Los vi, intentando inúltilmente salir y me quedé solo con tu regalo colgado al pecho, decidí quedarme entre miles y miles, en un suelo sembrado de cigarrillos, vasos y basura, sólo a escuchar la música, sólo a nadar entre sensaciones, observando ojos, sintiendo pieles y ropas, solo caminando.
En el comienzo, se camina solo.

En el comienzo, soy capaz de verte desde arriba. Estoy sentado en una pandereta, cual Humpty-Dumpty y te veo pasar abajo, junto a tantos otros que caminan y conversan en cientos de tonos capaces de expresar las emociones más diversas, conjurando los espíritus de la razón que cada vez con menos fuerza tratan de involucrarse en las relaciones humanas, poniendo esos esquemas y procedimientos de cómo deben ser las personas, cuál es el comportamiento adecuado, cuáles son los amigos que te convienen, cuál debe ser la historia de tus vidas (llegar a viejo con la alegría de perpetuar la misma aburrida historia).
Vi la ira. Vi manipulación. Vi llanto. El aire me parece cada vez más denso. Antes (yo creía que) era muy fácil caminar por las calles, de la casa al trabajo, del trabajo al restaurant, del trabajo a los amigos, de los amigos a la esposa, del dormitorio a la cama. Ahora (no puedo evitar sentir que) en vez de caminar, estoy nadando sobre un líquido de sentimientos y miradas, amores, aprecios, engaños, desprecios, odios, rencores, auxilio y sobre todo, esperanza.
Camino más lento, pero es mejor. El llanto se me pega en los brazos, la risa me entra por la boca, el odio se me pega en la cabeza, el amor se me ha colgado al cuello, basta una sola mirada y el olor para saberlo todo. Me he equivocado, igual que antes, pero no veo la diferencia. Tantos protocolos aprendidos no me sirvieron de nada cuando al final lo único importante es lo que hice y deje de hacer. Vuelvo a estar solo, pero rodeado de tanta gente. Ayer, desde la galería del Estadio Nacional, quise escuchar mejor la música, quise estar al frente, y salí por una estrecha puerta hacia la cancha del estadio, completamente reventado por los cientos que bajaron, y cuando miré para atrás, los demás se habían quedado. Los vi, intentando inúltilmente salir y me quedé solo con tu regalo colgado al pecho, decidí quedarme entre miles y miles, en un suelo sembrado de cigarrillos, vasos y basura, sólo a escuchar la música, sólo a nadar entre sensaciones, observando ojos, sintiendo pieles y ropas, solo caminando.
En el comienzo, se camina solo.
En el comienzo, lo único que existe, es la esperanza de la vida nueva.



1 Comments:
O como dice la canción... el final es donde partí.
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