dimanche, juillet 01, 2007

Oscuridad. Frío que corta las mejillas y sutilmente hace unas heridas sutiles, que en realidad no son tales, si no tan sólo un ingenuo proceso de adelgazamiento, necesario para mostrar las venas que bajo una piel cada vez más transparente, intentan salir y mostrarse al aire que aparece repentinamente húmedo entre la lluvia, las gotas que se destrozan en polvillo volando entre plantas recortadas de manera perfecta, rodeando una casa de cientos de tejas sobre pilotes que le dan la altura necesaria para que bajo ella se guarezcan dos gatos, y a veces, algún otro animal ignoto. Se debe quebrar porque no es perfecta. El negro se rompe por culpa de una luz intentando osadamente creerse estrella en la tierra, brillando detrás de una lengua de mar que se adentra entre islas de mentira, trozos sencillamente colocados como si alguien hubiera armado una maqueta y decidido por simple capricho colocar una y otra bajo un paisaje pintado a mano con óleos que difuminan las montañas tapadas esta vez por nubes que pasan tan sólo a doscientos o menos metros, porque quieren caer sobre mi cabeza ojalá llevarme sobre ellas y lanzarme un poco más al sur sobre olas que comerían mi cabeza hacia el interior a llevarme al destino definitivo.

Negro que cubre el agua de una laguna cuya oscuridad es mayor aún, pero distinta. Es turbia. Rellena de trazos de hojas y barro que recorren cada centímetro de líquido que, sorprendentemente, no se encuentra infesto, pues es nada más que tierra en suspensión que limpia los vellos si hundes la cabeza. Salgo nuevamente, esta vez, tengo que dar dos vueltas a la llave para abrir la puerta y enciendo otro cigarrillo más; al mirar, noto que la luz pretensiosa de ser estrella tiene la sencilla forma de una ventana. ¿Habré estado equivocado antes? ¿La habré juzgado injustamente como tantas veces he destrozado personas a punta de palabras y gritos innecesarios? Seguramente, la luz que se cierne detrás del cerro boscoso – se que está cubierto de árboles porque lo vi hace unas cuantas horas - resulta mucho peor para mi amada oscuridad, pues ilumina hasta la nube que no es capaz de tragársela en su camino hacia la tierra, y no logra caer sobre otras cabezas que, refugiadas en sus casas frías recubiertas ahora con latas (ya no existen esas maderas añejas y grises que años antes daban un calor desconocido a las cocinas de techos bajos donde se acurrucaban unos y otros) deben tan sólo estar pensando en la rutina del día siguiente, trabajos simples, el almuerzo y un par de cuidados especiales al campo, alimentar una decena de gallinas, cuidar de unas cuantas ovejas bajar y conseguir la leña escapatoria del frío que sólo yo busco.

Golpes de viento y agua, en ritmo sinusoidal caen, primero más fuerte, luego despacio, parece que de repente se calmaran y luego más fuerza imprimen, no se cansan de arrojar sobre las ovejas y los árboles más y más agua, se detienen de improviso, vuelven a arrojarse, se mueven como la nube que observé hace unas horas, en las que todavía una cobarde claridad de sol iluminaba la pared donde este cuadro de mentira estaba dibujado. Estoy sentado escribiendo y es como si de improviso el frío entrara, como en esas baratas películas de terror antiguas, colándose como demonios en niebla bajo las puertas para acuchillar piernas y brazos. A diferencia de los otros, yo no les tengo miedo, porque son parte de mí. Me vienen a buscar para llevar mi cuerpo donde pertenezco, al frío, a la oscuridad absoluta, y el terror no es porque deba escapar y salvar mi vida de los fantasmas que traen, si no que es por no hacerles caso nuevamente, negar la verdad, negar que son parte de mi y yo soy parte de ellos. Alguna vez pensé que el calor de las playas podía llegar a ser igual que el viento del invierno, pero debo haber estado equivocado, es una lucha en la que yo no se de qué parte debo estar, pero la esencia es a lo que todos temen, al vaho que sale de la boca cuando respiras, al cuerpo tiritando y el sueño que mata repentinamente si llegas a quedarte dormido.

Hoy es una luz distinta la que ha roto la oscuridad. Se presentó al atardecer, poco antes de que la oscuridad reinara en su absoluta grandeza, digamos, cinco de la tarde. Ilumina el cielo, rompe el aire, golpea blanco, frío, más frío que el granizo que lo precede, abre todo por unos segundos, muestra la verdad, muestra el descontento, la angustia, desnuda la soledad abrazada por miles de árboles sobre el pasto, donde duermen observando impávidos los corderos, esperando a golpes de paciencia infinita muerte segura o maldad o bondad y humedad de lanas enrolladas entre garrapatas y lodo remojado. Ilumina el cielo por un segundo, dos quizás, pero a destellos pausados, y luego, silencio, entonces los oidos sienten a lo lejos el tronar, golpes de tambor, valentía de martillos golpeando el yunque, secuestrando la sequedad por un instante, inspirando con fuerza para luego escupir con la fuerza del estómago todo el viento frío, el agua congelada que derrite las plantas para volverlas negras, quemadas en su propia piel.

Salgo esta noche nuevamente, enciendiendo un cigarrillo, vicio delicioso, vicio que llena de alquitrán la piel reseca, destruyendo y cambiando el color de la piel, blanco a amarillo, dejando impregnado su olor por el chaleco, fuerte en la tela de la polera, peor en el cabello. Hacia afuera, sólo hay dos negros. Uno intenso sobre los prados, otro claro sobre el cielo, se parten en cuatro, dos en el cielo, dos en la tierra. Los dos del cielo aparecieron primero, disparejos, divididos invadiendo uno contra otro, uno encima, el otro más abajo. Otro pestañeo y distingo seis, ocho, y las luces vuelven matándolos, disgregándolos en cientos, así como llega el día más corto, es así como ellos se destrozan, así como el calor comenzará poco a poco a avanzar luego de cada 21 de junio, marco el fin de la aventura, el fin del dolor, el comienzo de la vida, la luz dividirá en tonos verdes y blancos temperados, los blancos de flores, espero que lleguen con paciencia, pero el miedo persiste: ¿será verdad la profecía?. Mientras tanto, es necesario hibernar, comer y seguir con el sueño, dormir para no despertar y pensar en la oscuridad.

El primer frío llegó directo a la cara, es ese el que me gusta. Hay otro que sube desde la humedad del suelo por los pies, mientras las manos se congelan en el agua helada, es entonces que el cuerpo entero se va congelando poco a poco y parece que los músculos se detuvieran uno o varios instantes, dejando sólo insensibilidad en los brazos, que sin inmutarse son capaces de traicionar las órdenes y quedar inmóviles uno contra otro, deseando no haberse acercado jamás al vaho que sube desde el cemento congelado por escarcha. El tercer frío se siente en las piernas y penetra primero las telas que las cubren para tocar los pelos que intentan en vano rechazarlo sólo por vencer, lograr una victoria inicua, rebelde, absurda. Este frío sube por debajo de la ropa que puede quizás cubrir mejor el tronco, cual caballo de troya, destruyendo las últimas barreras desde adentro. El cuarto frío aparece en la mañana al despertar, y se transforma en lo que todos llaman “vaporcito” saliendo por entre los cubrecamas, donde la luz ya ha penetrado para abrir los ojos solitarios, deseo de abrazar un cuerpo inexistente, una mentira construida en la esperanza, imagen de meses a la espera y miedo de no hacer lo correcto, mirar hacia el interior en la búsqueda del verde cubierto de moho y escarcha.

El único frío invencible es parecido al cuarto, el frío de la luz que a pesar de su propia energía no logra calentar para llevar a la decisión definitiva, la desaparición absoluta que no permite si no generar nuevamente un halo de vida, el hilo interminable que parca no es capaz de cortar por no tener la tijera adecuada. Nada o todo, frío y oscuridad, la clave del secreto, tumba oculta donde florece un árbol sólo viviendo del recuerdo.

1 Comments:

Blogger pabel said...

Tengo los cabellos garabateados
y la mirada salpicada de escarcha,
guardo un beso en el corazón...
y veneno en los labios...
por si acaso algún día
se me antoja hablar de un mal amor o de una experiencia atorada en mi garganta...
la forma en que te expresas haces sentir escalofríos... vuela mi imaginación... vuela mi conocimiento y el conocerte...
besos primo, me gusta mucho como escribes, tienes
una maravilla en tu mente y letra...
muchos besototes

juillet 02, 2007 9:26 PM  

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