- Fue extraño eso. Sí, las muñecas rusas pasaban a mi lado, y me volvía a observarlas. Jamás había visto tanta mujer perfecta, usando un lenguaje conveniente a este escrito.
-Dicen que son muy lindas, pelo rubio , ojos azules, pechos que se quisiera cualquiera y minifaldas que lucen las piernas largas terminadas en un taco de aguja, modelos de salón, aunque con la edad desmejoran.
- Eso ya no es tan cierto. Pasa por un poco de cuidado, que claro, antes no tenían, pero el pasto se reía de sólo verlas caminar encima. En general estuvo bueno, aunque el sonido era deplorable, y no se qué dj fueron a escoger que aparecía cada cosa en la pantalla, los zalo reyes rusos, luchos jaras, no faltaba la simonetti, era como ver sábados gigantes en ruso. Nadie pescaba, obviamente, pero hasta resultaba gracioso.
- Al principio estabas solo, con Angelina, pasaban saludándolos distintos personajes de la fiesta, el anfitrión que ya estaba pasado unas copitas, más de alguien luego del saludo de rigor, preguntaba algún dato, si las sillas, si la comida, cosas propias de cualquier convivencia, en ruso claro. El primer vodka que trajeron no estaba bueno, pero no se si fue tu impresión o en realidad tu siempre mal mentada ansiedad de pensar que todo va a ser malo y cada detalle te lo vives como si fuera la realidad presente, por eso me queda claro que uno tras otro los acontecimientos de deberían dar la razón, tu entusiasmo por ir mermaba, pero querías estar con ella, porque la sientes cercana, porque te ha dado mucho.
- Algo de eso hay. Angelina no me dijo que vendrían dos personas y no una. Yo me imaginé, obviamente, lo de siempre, incomodidad de conocer gente nueva, evaluación de mi persona, frialdad y finalmente despedida de quienes saben que no se volverán a ver, aunque probablemente sí, pero el detalle no tiene importancia, aferrarme a la conversación con Angelina sería mi salvavidas para la velada. Sabía que habría algo de entretener la vista observando a las muñecas pasearse por mi lado, de eso no cabe la menor duda, pero son inalcanzables, primero por el tamaño, algún gen que hace que los chilenos seamos demasiado chicos, y lo segundo, la barrera del lenguaje que no me permitiría extender una conversación más allá de un simple minia zabut Ismael. El cuento estaba armado, es cierto, la cinta ya estaba en la cabeza.
- ¿Entonces?
- Entonces no puedes imaginarte que la mujer más hermosa de la fiesta no sería una rusa, ni sería rubia ni sería una persona fría o poco interesada. Tenía que tener el cabello más negro que cualquier otro. Sus ojos levemente estirados y grandes, un gato. Su cuerpo delgado reflejaba nada más que una sutil serenidad y tan sólo ganas de disfrutar de un buen momento, pero lamentablemente, tenía que ser más alta, aunque eso poco importa si te sientes cómodo conversando con alguien. Te prometo que no habían miradas más que para ella. Su risa no era forzada, su interés por conversar tampoco, su sencillez te hacía olvidar de cualquier opulencia externa, y no era necesario desviar los ojos hacia el escenario por aburrimiento, es que de verdad, no había razón para dejar de poner atención ni obsesionarse con ella, bastaba con vivir el momento preciso y conversar cuando fuera necesario, como si siempre nos hubiésemos conocido.
- Tuviste que destruir la cinta de la película que te armaste.
- Así es. Acepto la culpa, pero reconozco que la angustia a veces funciona.
- Nunca funciona. Tan solo te toca vivir lo que tienes a mano.
- Todo será mejor rezaba la canción. Es cierto, "puede" que todo salga mejor. La apuesta a la victoria está ganada de antemano si se piensa en la derrota definitiva. Esa es la cinta, la película grabada de antemano. No vale la pena grabarla dices, si no se vive de verdad. Las películas suelen ser tragedias, son las que me atraen, son las "mixturas" de dolor y alegría, pero siempre el fracaso es el ganador.
- Sólo rescato el contraste. Es lo único que importa de todo lo que has dicho. Termina con las vidas múltiples, sólo el contraste te salva.
-Dicen que son muy lindas, pelo rubio , ojos azules, pechos que se quisiera cualquiera y minifaldas que lucen las piernas largas terminadas en un taco de aguja, modelos de salón, aunque con la edad desmejoran.
- Eso ya no es tan cierto. Pasa por un poco de cuidado, que claro, antes no tenían, pero el pasto se reía de sólo verlas caminar encima. En general estuvo bueno, aunque el sonido era deplorable, y no se qué dj fueron a escoger que aparecía cada cosa en la pantalla, los zalo reyes rusos, luchos jaras, no faltaba la simonetti, era como ver sábados gigantes en ruso. Nadie pescaba, obviamente, pero hasta resultaba gracioso.
- Al principio estabas solo, con Angelina, pasaban saludándolos distintos personajes de la fiesta, el anfitrión que ya estaba pasado unas copitas, más de alguien luego del saludo de rigor, preguntaba algún dato, si las sillas, si la comida, cosas propias de cualquier convivencia, en ruso claro. El primer vodka que trajeron no estaba bueno, pero no se si fue tu impresión o en realidad tu siempre mal mentada ansiedad de pensar que todo va a ser malo y cada detalle te lo vives como si fuera la realidad presente, por eso me queda claro que uno tras otro los acontecimientos de deberían dar la razón, tu entusiasmo por ir mermaba, pero querías estar con ella, porque la sientes cercana, porque te ha dado mucho.
- Algo de eso hay. Angelina no me dijo que vendrían dos personas y no una. Yo me imaginé, obviamente, lo de siempre, incomodidad de conocer gente nueva, evaluación de mi persona, frialdad y finalmente despedida de quienes saben que no se volverán a ver, aunque probablemente sí, pero el detalle no tiene importancia, aferrarme a la conversación con Angelina sería mi salvavidas para la velada. Sabía que habría algo de entretener la vista observando a las muñecas pasearse por mi lado, de eso no cabe la menor duda, pero son inalcanzables, primero por el tamaño, algún gen que hace que los chilenos seamos demasiado chicos, y lo segundo, la barrera del lenguaje que no me permitiría extender una conversación más allá de un simple minia zabut Ismael. El cuento estaba armado, es cierto, la cinta ya estaba en la cabeza.
- ¿Entonces?
- Entonces no puedes imaginarte que la mujer más hermosa de la fiesta no sería una rusa, ni sería rubia ni sería una persona fría o poco interesada. Tenía que tener el cabello más negro que cualquier otro. Sus ojos levemente estirados y grandes, un gato. Su cuerpo delgado reflejaba nada más que una sutil serenidad y tan sólo ganas de disfrutar de un buen momento, pero lamentablemente, tenía que ser más alta, aunque eso poco importa si te sientes cómodo conversando con alguien. Te prometo que no habían miradas más que para ella. Su risa no era forzada, su interés por conversar tampoco, su sencillez te hacía olvidar de cualquier opulencia externa, y no era necesario desviar los ojos hacia el escenario por aburrimiento, es que de verdad, no había razón para dejar de poner atención ni obsesionarse con ella, bastaba con vivir el momento preciso y conversar cuando fuera necesario, como si siempre nos hubiésemos conocido.
- Tuviste que destruir la cinta de la película que te armaste.
- Así es. Acepto la culpa, pero reconozco que la angustia a veces funciona.
- Nunca funciona. Tan solo te toca vivir lo que tienes a mano.
- Todo será mejor rezaba la canción. Es cierto, "puede" que todo salga mejor. La apuesta a la victoria está ganada de antemano si se piensa en la derrota definitiva. Esa es la cinta, la película grabada de antemano. No vale la pena grabarla dices, si no se vive de verdad. Las películas suelen ser tragedias, son las que me atraen, son las "mixturas" de dolor y alegría, pero siempre el fracaso es el ganador.
- Sólo rescato el contraste. Es lo único que importa de todo lo que has dicho. Termina con las vidas múltiples, sólo el contraste te salva.

