vendredi, octobre 27, 2006

El hombre oriental ha hablado. Fascinado en su discurso, despliega el conocimiento y hace alardes de simpleza en la utilización de máquinas inconcebibles, imágenes con pretensión de lenguaje que pudiese construir cultura y escribir por sí solo literatura y miles de poemas, siendo que son tan solo dibujos básicos, colores y simples ampolletitas encendiéndose y apagándose.
Él cree quizás que con eso podrá controlar el mundo, dominando animales y árboles, cambiando cursos de ríos y colocando cemento por doquier, pero sólo yo sé que está profundamente equivocado, como los cientos que se han sentado a escucharlo, en inglés - el idioma de los hierros - trabajando incansablemente para la batalla final, la batalla en la que yo también he participado, y de hecho, debo ser honesto, estoy aquí, partícipe de las cabezas, aunque ahora hay algo que juega a mi favor: soy espía, me mezclo entre los duendes y no me reconocen, en su falta de recursos no son capaces de dirigirte una mirada, tocarte o saludar, y eso es bueno, porque así paso inadvertido. Uno o dos de los cientos se han dado cuenta, dieron vuelta su mirada hacia mis ojos y me invadieron de pánico; es divertido jugar a saber que eso implica el miedo interno, el miedo que los lleva a la muerte. Es que sus cuerpos se empiezan a descomponer, los estómagos se agrandan, las venas se llenan de inmundicias, los bolsillos de dinero y las casas de autos y joyas (cuando crecen los duendes) y más que nada de envidia y competencia. Así, los duendes mueren de ataques furtivos a edades cortas, el pelo se les cae, sufren de ataques horribles de dolor (sueños de Kurosawa) sus huesos se quiebran, la piel se pone grasa y se dan asco, hombres y mujeres, se encierran a soñar que pueden llegar a ser bellezas perfectas. Algunos, a fuerza de dinero acumulado, lo logran, pero el daño ya no es reversible, han comido y siguen comiendo y seguirán bebiendo excrementos envasados en finos plásticos y aluminios.
Mis venenos también me llaman, entonces, es bueno que salga a fumar, tomo distancia del espectáculo y respiro un poco de alquitrán, así puedo observar y pensar cuál será nuestra siguiente jugada. ¿Debo hacerla? Ser partícipe de la lucha puede merecer sencillamente el calificativo de imbécil o premiado como mártir. Por otro lado, hay una alternativa mejor: acabar con todo, hacer de casa piedra la más absoluta ruina que quiere ser, romper los espejos de los edificios para evitar el calor y reemplazarlos por neblina de lagunas llenas de manglares, que la repulsiva rana cante en un lugar ignoto y que las aves hagan nidos en las vacías estructuras, entre el óxido. Mejor aún, que no quede ni el más mínimo resto de óxido y se diluya hacia lo más profundo los miles de tóxicos encerrados en cada cuartel del enemigo, que han juntado para matarnos poco a poco, pero que tenemos perfectamente descubiertos, sabemos sus planes y reunimos sólo fuerzas aunque estamos acabados. No es necesario creer todo lo que se lee, son tan sólo fantasías de escape, nuevamente estás encerrado escribiendo. Sólo puedo sentirme orgulloso de haberme burlado de uno de ellos, el símbolo de la muerte grabado en una polera, ensalzando la sangre no tiene perdón, pesa tanto como su estómago o su cuerpo, apenas puede moverlo y me río en su cara.

mardi, octobre 24, 2006

A) Son tres cuerpos en una cama, sólo uno está completamente desnudo y es manipulado por los otros dos. ¿Está o no muerta? sus estertores de placer sutilmente señalan a los demás qué hacer, las órdenes se transmiten al revés y es finalmente la dominada quien manda, quien hace obedecer con su sometimiento los movimientos de los otros dos personajes arrodillados, basta con que mueva un poquito la boca estirando suavemente el músculo en su cuello, para que indique que su mano debe ser colocada hacia atrás, y el brazo completamente acariciado, desde la punta chocando suavemente uno a uno dedos del cuerpo de la siguiente, entrelazando quizás una mano en el lado contrario una que procura la firmeza, ya no delgada y suave si no más bien agresiva y ligeramente áspera, la M marcada minuciosamente por mas años de meticulosa manipulación de miles de palabras al aire que se dijeron quizás en un automóvil o en un bus.
B) Esa misma M es la que trabaja junto con su otra compañera M para colocar una venda dispuesta a cegar los ojos de belleza absolutamente abierta, piensen en contemplar desde lo alto un valle vacío de cerros extendiéndose hacia el horizonte, serpenteado por figuras al sol de pastos secos queriendo decir Sí con un No; esos ojos no necesitan ver, puesto que te observan como la niebla se cuela con frío en una mañana detrás de tus orejas y coloca tus mejillas rojas, la nariz y quizás todo el resto del cuerpo con parestesia. Ese cuerpo femenino recostado y dispuesto cual vasija a recibir todo en su interior...
Tengo miedo de Rocamadour cayendo sobre mi cabeza ¿te gusta ser musa inspiradora? Digamos que no me incomoda el papel.

vendredi, octobre 13, 2006

Había escrito algo pensando en lo que pasó aquella noche, pero no me resultó. En realidad, puede que sí, que haya estado bien redactado y correctamente narrado, pero algo faltaba. Extrañaba algo en él. Era un diálogo, entre tú y yo, seguramente en un restorán, almorzando tal como el sábado, con la excepción de que tu no pronunciabas palabra alguna, quería emular burdamente el recuerdo, el lugar donde me miraste con esos ojos grandes que tienes, sus extremos bajan y terminan en una punta bien fina a cada lado, los bordes están muy bien delineados, las pestañas salen en una curva hacia abajo, luego hacia arriba, queriendo tocar las mías, que son pequeñas, el pelo que acacaricia suavemente tus mejillas. Parece que quisieras penetrar mis ojos con los tuyos. El texto comenzaba así:

"- Te lo dije. Te dije que no iba a escribir ni una sola palabra sobre lo que pasó ahí"

Luego yo seguía describiendo las mujeres de los libros que me han gustado, o las mujeres que me han gustado de los libros que he leído, o ambas cosas, porque cuando aparece una mujer en un libro, éste se transforma en ella, aparece en la cama de un hotel al lado mío o en el estante donde poco a poco vuelvo a armar mi vida, y puedo sentir lo que sentí esa noche contigo, eso que no quiero relatar porque es tuyo y mío solamente, pero que aparece en tantas partes escrito y todos lo saben, hasta en tu cara en mi casa que no es mía.

El problema de ese diálogo es que no sé como seguirlo; me puse a inventar banalidades inconexas de los idiomas y del viaje porque no puedo encontrar una relación, y en realidad no tiene mucho sentido, salvo que igual sigo no entendiendo palabras, en croata o checo, pero ahí es algo distinto, aburrido de mi parte, lento y fuera de lugar, fuera de contexto, no se como tendría que explicarlo: paciencia…dudo, borro, rescribo, es algo así: el problema es que todo eso está fuera de la habitación y no me gusta dejarla, no me gusta cuando no puedo verte en cada triángulo que refleja un pie desnudo, un hombro, el izquierdo, uno de tus pechos, tus caderas, ¿sigo? Para qué, si te habías dormido triste el sábado porque no fue lo mismo, ese día en que sólo alcancé a acariciarte y bajaste a mirarme entre tu pelo oscuro, trataste de enseñarme en tu cuerpo algo que yo ya se; pero no pude continuar, al caer en la duda de quién eres tú ahora, el miedo me invadió de nuevo, ese que aparece cuando sabes que tienes que continuar y no sabes cómo. Podría botar todo a la basura, dejar definitivamente esto, dejar de escribir y volver nuevamente a esconderme, pero no hay vuelta atrás si caminas en el vacío, ahí solo queda abrazar a quien encuentro, aunque sé que no puedo caer, porque no hay nada bajo los pies (¿acaso tienes alas?).

¿Te das cuenta de algo? Me estoy olvidando mucho del viaje. Se borra, es igual como si alguien pasara un paño y dejara el texto ahí marcado sólo por la presión del lápiz, las fotos están ahí, y sólo lo bello parece tener algo de sentido. Cuando llegué finalmente a Barcelona, tenía la tranquilidad de entender: viajar sería fácil y me gasté todo, arrendé un auto y manejé pensando nada, quise ser grande y arrendar una pieza de buen hotel, quise utilizar toda mi soberbia y ahogar cualquier problema con la tarjeta de crédito. Hasta último momento el miedo me tocó el hombro (aquí estoy, vuelve al ataúd conmigo, ahí dormirás tranquilo por el resto de tu vida, nunca encontrarás el patíbulo que añoras) y volví a fallar como siempre, justo cuando estaba donde hablan lo mismo que yo: parece que cuando no entiendo las palabras estoy mejor.

No quiero que me respondas. Cuando me respondes y hablas lo que yo hablo es cuando no se que decirte, tratas de explicarme tu cuerpo con palabras y no quiero palabras, quiero labios moviéndose y ojos entrando, manos en mi espalda, piernas entrecruzadas, ramas del magnolio muerto buscando luz en proporción áurea, algunas de sus flores salen de noche, otras de día, se abren y se cierran, caen al suelo, vuelven a salir porque son muchas, y todas blancas como tu piel. ¿Te molesta que hable nuevamente de magnolias? No será la última vez, no te das cuenta que todas ellas florecen de él. Él está muerto, por eso no lo podrás ver jamás como yo lo vi.

En el texto que escribí quería seguir el diálogo explicándote muchas cosas. Quizás habría sido interesante escribir comentarios sin sentido y palabras al aire, hablándote de ella y de todo lo aprendido, de mis amigos y de mi trabajo, así era más fácil todavía darle fuerza a tus palabras, cualquiera se daría cuenta que ellas son transfusión de sangre. A cada comentario mío, sólo puntos suspensivos tuyos: fue la única forma que se me ocurrió para denotar que yo sigo hablando y hablando y tus versos se escuchan mucho más fuerte que los míos, son capaces de traspasar mi carne y me viene un dolor y placer del averno mismo, luego no existe nada más que los recortes de tu piel en los espejos. Sobre el final, quería seguir hablando yo y tus palabras seguían silenciadas por mis manos, hasta que tú me respondías algo que yo si lograba escuchar:

- ….

dimanche, octobre 08, 2006

Pausa.

Sería tarea muy fácil si me pusiera a describirla físicamente. Basta con decir que cae en cualquier modelo de perfección en belleza, es la magnolia repentina de noche brindando una luz que lleva cualquier par de ojos hasta ella, más de algún astrónomo debe deleitarse al enfocarla, demasiado lejos para tocarla, absorbiendo cada partícula ínfima mía u onda que podría servir para confirmar que el mundo que me rodea está hecho solamente de mi propia percepción. Debo por lo tanto asumir que soy culpable de su existencia y de su error y de estar aquí acostado, los pies rectos y crucificado sin clavos en en el suelo frío, porque he atraído a la magnolia a su muerte, desde el árbol que fue arrancado, ese mismo que yo planté y cuidé, un día al irme quedó seco para siempre, llorando sus hojas por no verme, por no sentirme, por mis canciones desafinadas que dieron el paso a un lado, hacia ninguna parte, ahí soltó su última lágrima, me regaló la más hermosa flor, firme, inmensa, suave como sus brazos, o sus mejillas, no dejarás que cualquiera te logre ver abierta tomando el sol que se asoma desde la cordillera, sólo yo, que vuelvo nuevamente caminando pero dejo mi corazón en el cajón sin llave de mi velador.
Ahí también, completamente asequible se encuentra un par de aros de granate checo, la pregunta que no sé responder es de quién son. ¿De la magnolia de ojos...?
Je les ai acheté au Prague. Eso fue como a la mitad del viaje. El viaje continúa. Les pido disculpas por ser tan ... no se ¿siútico tal vez?.