Entonces el vacío fue cubriendo completamente las hojas verdes del árbol que se empecinaba en entrar por la ventana hacia mis ojos cubiertos de ceguera irremediablemente construida durante años de estudio, lógica y conjuntos, matemáticas de lo correcto, de lo sano, de lo evidente, que pueden entrampar la vida y la conciencia propia generando un proyecto tras otro, una perspectiva y un horizonte, una nueva idea, un nuevo trabajo.
Final. Final del camino o principio de uno nuevo. Quedaron atrás entonces los horarios, los plazos, las planificaciones y definitivamente, el vacío se hizo bajo los pies: era tan simple. Muy fácil, alguna vez caminando en el parque fijaba la atención en el movimiento necesario para poder pisar y avanzar, la flexión del tobillo, de los dedos, el movimiento de la rodilla perfecto para continuar, de manera que lo más importante es seguir uno tras otro, adelante y apretar los dientes hasta romperlos para poder vencer, lograr la victoria, dejar el fracaso atrás. Y la verdad, todo eso no tiene mucho sentido. Qué más evidente que caminar en el vacío aceptándolo. Nada importa ahora, ni el futuro ni los plazos ni regar, ni desayunar, la vida y las hojas del árbol moviéndose suavemente, necesito así el movimiento simple de los brazos, son ahora los protagonistas, los hombros, golpeando la leña con el hacha y la lluvia cayendo sobre la cabeza, empapando la ropa y tan solo contrarrestada por la transpiración y la esperanza de tener un cigarrillo después entre los dedos para aspirar muerte humo gris, mientras resuena tu canción en mi cabeza una y otra vez.
El dinero se transforma en harina que ensucia los dedos, sólo los niños importan, disfrutando de los juegos y la tierra excavada por manos pequeñas, inventando mundos perfectos donde somos todos iguales, donde los sueños son realidad porque debe ser en cada corbata de colegio el médico o el ingeniero, el sastre o el artista, porque la tierra devuelve la verdad sobre cada dedo que toca y arranca un poco de pasto, que bota la arena sobre el pasto y logra todos los chocolates y dulces de premio evidente por una palabra de vocabulario exitosa.
Romeo y Julieta eran sólo cuentos inverosímiles en esa época, tanto como la tortuga y la liebre, como Alicia a través del espejo, y las historias de guerras eran lejanas, las arenas del desierto se acababan cuando tomabas el té y la leche, cuando tenías tan solo que esperar el plato de papas con pescado enrollado, dentro del cual se encontraba la sorpresa, un pedazo de queso embadurnado de salsa de tomates. Los sillones del living se transformaban en cerros y montañas llenos de escondrijos donde ejércitos inverosímiles se guarecían de sus enemigos, para enfrentar batallas ya planificadas y el sueño era un descanso repentino que aparecía subeptriciamente en cualquier momento, para recuperar las energías y seguir inventando glorias y derrotas. A veces los pisos de madera se transformaban en mares y las alfombras en islas o incluso continentes. Podrías quizás trasladarte al espacio y soñar aventuras distintas, pero no queda claro cuales eran más interesantes.
Me había olvidado de ti. En realidad no es verdad, porque siempre resuenas en mi cuerpo. Quizás algunos me dirán que es una tontería y la lógica me dice que lo único que puedo hacer es olvidarte, eliminar los lazos y esperar que así el tiempo me de la razón de lo absurdo que es todo esto, pero me es difícil. Lo único que puedo decir es que por ahora, mantengo el latido, tu latido y el mío. Eso definitivamente es lo que me tiene enfermo. Algunos me dicen que es tan fácil que basta con raptarte y llevarte en un burro a un lugar insondable. Tengo una duda. ¿Existen esos amores de verdad? ¿Existen las parejas por siempre que nunca se encuentran si no están en el momento y en la vida adecuada? No lo sé, y lamentablemente, negándolo puedo confirmar la mentira.
¿Sabes qué? Estoy cada día más seguro de que lo único importante es lo que dicta el corazón. La mente engaña, lo probé científicamente. Lástima que no tenga el tiempo suficiente para demostrarlo. O a lo mejor sí y volveré a errar. No quiero verte, al menos durante algunos días.
Final. Final del camino o principio de uno nuevo. Quedaron atrás entonces los horarios, los plazos, las planificaciones y definitivamente, el vacío se hizo bajo los pies: era tan simple. Muy fácil, alguna vez caminando en el parque fijaba la atención en el movimiento necesario para poder pisar y avanzar, la flexión del tobillo, de los dedos, el movimiento de la rodilla perfecto para continuar, de manera que lo más importante es seguir uno tras otro, adelante y apretar los dientes hasta romperlos para poder vencer, lograr la victoria, dejar el fracaso atrás. Y la verdad, todo eso no tiene mucho sentido. Qué más evidente que caminar en el vacío aceptándolo. Nada importa ahora, ni el futuro ni los plazos ni regar, ni desayunar, la vida y las hojas del árbol moviéndose suavemente, necesito así el movimiento simple de los brazos, son ahora los protagonistas, los hombros, golpeando la leña con el hacha y la lluvia cayendo sobre la cabeza, empapando la ropa y tan solo contrarrestada por la transpiración y la esperanza de tener un cigarrillo después entre los dedos para aspirar muerte humo gris, mientras resuena tu canción en mi cabeza una y otra vez.
El dinero se transforma en harina que ensucia los dedos, sólo los niños importan, disfrutando de los juegos y la tierra excavada por manos pequeñas, inventando mundos perfectos donde somos todos iguales, donde los sueños son realidad porque debe ser en cada corbata de colegio el médico o el ingeniero, el sastre o el artista, porque la tierra devuelve la verdad sobre cada dedo que toca y arranca un poco de pasto, que bota la arena sobre el pasto y logra todos los chocolates y dulces de premio evidente por una palabra de vocabulario exitosa.
Romeo y Julieta eran sólo cuentos inverosímiles en esa época, tanto como la tortuga y la liebre, como Alicia a través del espejo, y las historias de guerras eran lejanas, las arenas del desierto se acababan cuando tomabas el té y la leche, cuando tenías tan solo que esperar el plato de papas con pescado enrollado, dentro del cual se encontraba la sorpresa, un pedazo de queso embadurnado de salsa de tomates. Los sillones del living se transformaban en cerros y montañas llenos de escondrijos donde ejércitos inverosímiles se guarecían de sus enemigos, para enfrentar batallas ya planificadas y el sueño era un descanso repentino que aparecía subeptriciamente en cualquier momento, para recuperar las energías y seguir inventando glorias y derrotas. A veces los pisos de madera se transformaban en mares y las alfombras en islas o incluso continentes. Podrías quizás trasladarte al espacio y soñar aventuras distintas, pero no queda claro cuales eran más interesantes.
Me había olvidado de ti. En realidad no es verdad, porque siempre resuenas en mi cuerpo. Quizás algunos me dirán que es una tontería y la lógica me dice que lo único que puedo hacer es olvidarte, eliminar los lazos y esperar que así el tiempo me de la razón de lo absurdo que es todo esto, pero me es difícil. Lo único que puedo decir es que por ahora, mantengo el latido, tu latido y el mío. Eso definitivamente es lo que me tiene enfermo. Algunos me dicen que es tan fácil que basta con raptarte y llevarte en un burro a un lugar insondable. Tengo una duda. ¿Existen esos amores de verdad? ¿Existen las parejas por siempre que nunca se encuentran si no están en el momento y en la vida adecuada? No lo sé, y lamentablemente, negándolo puedo confirmar la mentira.
¿Sabes qué? Estoy cada día más seguro de que lo único importante es lo que dicta el corazón. La mente engaña, lo probé científicamente. Lástima que no tenga el tiempo suficiente para demostrarlo. O a lo mejor sí y volveré a errar. No quiero verte, al menos durante algunos días.

