Juliet.
El día que me fui, la Bolsa Electrónica ganó por primera vez a la Bolsa de Comercio. Ese día, AES vendió el diez por ciento de Gener en un negocio que desconozco. Ese día me di cuenta que la soledad es mi propia Juliet que me acompaña en la vida. Ese día, pude al fin escribirte por gmail. Ese día miré mi foto en la pared, pequeño con un tractor en la mano, y vi los ojos azules, mis propios ojos, mirando hacia el techo de la habitación, tal cual fueron siempre, y no tuve miedo. Volví a tener pesadillas por el terror que volvió, a sabiendas que no existía, que hay palabras mías más fuertes, que hay sentimientos poderosos, que hay verdades ineludibles, que hay sensaciones incontrolables. Fui lo que tenía que ser, y abracé a quienes quería abrazar, les di mi palabra de esperanza, mi fe quedó grabada en sus corazones más que en sus propias cabezas, con la certeza de que lo único importante es la persona y su sentimiento, cero pensamientos, lo mismo que le dije al día siguiente a ella.
El día siguiente tus labios rozaron con los míos. Nos miramos y dijimos que fue un lapsus y nos reimos y ella también se rió. Qué bello es que lo sepamos tu, ella y yo, y nadie más pudiera haberlo visto, jamás podrán fotografiar o filmar ese instante ni otro, ni las miradas, por más que pudieran elucubrar historias, construir mentiras acerca de nosotros, repudiar adulterios, destruir familias, liquidar pasiones, sólo existe ese segundo en que tus labios perfectamente delineados, pequeños en tu cara pequeña, bajo tu nariz pequeña y señalada por una leve línea que alguna vez te hice notar, porque tienes la mala costumbre de levantártela cuando está ya respingada, bajo tus ojos inmensos que lo llenan todo, sobre tu piel delicadamente bronceada, tocan los míos marchitos, deshechos, heridos, recubiertos de sollozos en la noche, vagabundos de sed y desprovistos de orgullo, apenas vivos esperando tu abrazo y tu mejilla junto a la mía, y las manos cruzándose de manera furtiva, perdonándome tú más de alguna actitud sobrepasada de mi parte.
Lo sé, ella me lo dijo, me advierte y yo le encuentro razón, porque no puedo discutir verdades ni volverme impulsivo, ni declarar lo que siento más que solamente sintiendo lo que siento en este momento con la certeza de que no dura más que ese momento en que tu boca rozó la mía. Tengo la verdad de mi parte y ella también lo sabe y yo lo sé y lo mejor es que tú también lo sabes, reinas tú entre las mujeres que alguna vez he llegado a sentir, y no es tan mentira si te digo que eres reina, no solo del día en que te lo dije, no solo de un simple vituperio, no sólo de un grupo de amigos bebiendo, no sólo de una empresa, no sólo de una jauría de lobos sedientos de poder y dinero, no de un grupo de personas con ansias de querer saber más de lo que la vida les puede brindar.
¿Por qué te sacas los zapatos? Sé que te duelen los leves tacos, pero tanto más me duele mirar tus pies delgados acariciando el suelo mojado y las lágrimas vertidas por la despedida, las sonrisas y las burlas, el baile y las posiciones tensas y nerviosas, no escatimas palabras agradeciéndome un suave masaje en tu espalda, no juzgas a quienes te miran, no tienes miedo de las conversaciones de conventillo, de los cahuines ni cuchillos en la espalda. El día que me fui, clavé cuchillos por todas partes excepto en las espaldas y les dije que aunque no sirviera de nada, hicieran su trabajo lo mejor posible, pero que lo único que queda no son ni los informes ni los programas, ni las órdenes ni los llamados telefónicos, tan solo una mano en cada hombro tuyo.
Recuerdo una canción y me la obligo a escuchar una y otra vez, con la certeza de que la música que te gusta no es la mía, ni mis temas favoritos son los tuyos, I'm not Romeo, I'm not Romeo, maybe you are Juliet, but I'm not Romeo. Quisiera de todo corazón no escribirte esto, ver que no existe más que en sueños y que al final todo ha sido un conjunto de malos entendidos, como aquel día que por primera vez te vi, estabas sentada en los sillones del trabajo y te miré y tu me miraste, y lo sé, porque ahora sí confío en mi. Racionalmente me destruyo y emocionalmente tengo fe. Dudo de que alguna vez sea real y lo que quiero ahora es que sean nada más que lindos recuerdos y risas en la cocina por un lapsus, por un olvido de las reglas del juego, aquellas que no creo que hayas roto – no lo se y no me importa - y yo no pude darme cuenta, tú quizás, yo sin culpa las rompí y destruí todo para empezar de nuevo, con ellas, degeneradamente ardientes, burdamente impuestas, suciamente descubiertas en mi una cama que no fue mía, la luz que no apagué sobre una mujer desnuda saciada sin temores en mi departamento.
El día que me fui, abracé a todos menos a quienes estuvieron escondidos detrás de sus máscaras, quienes no dijeron lo que tenían en el corazón y expresaron lo que tenían en la cabeza. Estoy tan seguro de que podrán encontrar lo que saben realmente que ni siquiera me duele su racionalidad. La libertad me es tan grata y tan conciente que no puedo sino desearles lo mejor y que sean felices así o de la forma que quieran. Pero tú y ella y ellos saben que no se puede transar, no se puede perdonar ni culpar la codicia ni la amargura que los mueve, que los trae a la no realidad, al suelo resquebrajado y reseco que alguna vez me cobijó antes de levantarme y decir basta, gracias a ti y gracias a muchos otros que me tendieron la mano para volver a caminar, levantando un pie y luego otro, sacando el talón y recorriendo los paisajes de Plitvicka Jezera, rodeado de árboles y lagos que se diluyen mientras pienso en ti y otras que me quisieron.
Pero siente seguridad y siente confianza, porque yo no soy Romeo y quizás tú sí seas Julieta viva, ya tocando la mano de quien amas y la tumba que dejas es la mía esperanzado todavía en encontrar a Sabaha, la joven muchacha hermosa cuya mano no está a centímetros de la mía, sino que la toca, como tus labios rozan los míos. Si pienso en ti el día que me fui, pienso en la otra muchacha que se acercó a mi tanto o más allá de la cuenta, y a quien racionalmente tuve que decir que no. Qué lindo que nadie sepa que tus labios estuvieron así de cerca.


