lundi, août 28, 2006

Me han quitado la piel pero sin dolor, el pelo sin arrancar, los ojos sin dejar de poder mirar, pero por sobre todo, la cabeza, y las han repartido en cientos o miles de personas. No se si han agregado más o menos vértebras, o si agrandaron las existentes para formar a aquel policía, a aquel que viene caminando en la esquina, al otro tipo del terminal que con cara firme y tiesa me explicó como llegar hasta acá.
Y a pesar de todo, no puedo saber si fue un robo de ellos o mío. Es más bien mío, pero poca o ninguna culpa podría tener yo por mi bisabuelo (¿o tatarabuelo?), me refiero a ese que llegó a Punta Arenas en algún momento del siglo pasado o antepasado, a marcar con orina el territorio y obligarnos a quedar en el limbo de no ser chileno ni europeo, absolutamente desclasado, porque en último término, hubiera llegado con fortuna el desgraciado; pero no, tenía que venir a dejar pieles blancas, rubio mediocre, jamás danés blanco o checo trigo. Ahora que lo pienso bien, algún intento hizo: murió por allá por los 80, solo, en una cama de esa horrible ciudad argentina, junto a su nieta a los pies, para declarar finalmente que les legaría, conocidas y asumidas todas sus faltas, esa fortuna de miles de escudos completamente fuera de circulación, que se volvieron dinero de nuestros juegos de niños mientras pensábamos en imitar a los adultos como él y nos considerábamos todos iguales.
Pasan frente a mí esos miles que tienen mi pelo clonado, con esa maldita indiferencia por mi y las expresiones duras, que yo atribuyo a la guerra, aunque no se si de verdad están tan preocupados o les interesa mucho saber que armaron un ejército de la nada para matar serbios y musulmanes tal como ellos los mataban.
Para ser honesto, hace rato que me di cuenta que no soy de acá, y que no podría pensar siquiera en llegar a estar más de dos días. Veo en las mujeres la dureza de un orgullo para el que no encuentro motivo, son rostros secos que no se dignan siquiera a tratar de entender si quiero tomar un bus, ir al centro, lavar uno de los calcetines sucios que tengo en mi mochila o toda la ropa que ando trayendo. Están lejos de todo, si los ves, es como si miraras a través de un microscopio las bacterias reproduciéndose - clonando tus características - o peor todavía, como si tu estuvieras caminando en una burbuja de manera que ni yo puedo alcanzarlos ni ellos pueden tocarme, las voces que escuchas pueden parecer bajo o el agua o detrás de un muro. Y ahora que trato de hacer una descripción de ellos, no puedo, no me resulta porque no me pertenecen.
Nunca sabré por qué esas raíces en mi no existen, allá lejos en Chile hay algunos que pueden reivindicar sufrimiento del holocausto que les ha sido heredado, a otros, les basta ponerse un turbante y subirse a un camello y vociferar desde su nariz encorvada. Muchos no soportan quebrar los tallarines antes de echarlos a la olla (?) porque saben distintos a los que su abuela fabricaba en casa (de esos me río, ni idea tienen que ahora, quebrados o enteros, los hacen todos con harina de lombriz y en vez de huevo les colocan tartrazina).
En cambio yo, estoy aquí en esta plaza, desde las 5 de la mañana, cansado y resistiendo con mi libro, he dormido poco, igual que ese - mi árbol - que murió en esa casa, mis raíces se pudrieron para dejarme caminar libre y llegar hasta acá a observar los seres clonados reproduciéndose, o donde quiera. Mientras no logre saber qué es lo que estoy haciendo aquí, no tendré el merecido derecho a descansar. Lo peor es saber que llegué hasta acá y ni siquiera las raíces las pude encontrar. Lo mejor es saber que debo seguir caminando.

samedi, août 26, 2006

Hola.

Te escribo desde acá, de Lyon para contarte que estoy bien. En realidad, sabes que no estoy en Lyon, estoy acá en Santiago, y la carta jamás llegará a tus manos ni el cartero dejará el sobre pidiendo la cuenta de la correspondencia que yo, indignado como solía estar siempre antes, no pagué aquella vez, logrando su ira y mi aversión por toda su raza. Eso al menos, te librará de un mal rato y podrás leer todo aquello que no te conté mientras estaba allá. La comunicación es difícil: por una parte, yo he querido encerrarme y martillar clavos sobre la puerta para que ustedes no pudieran seguirme, y por el otro lado abrir una nueva sacándome cada gota de sudor para poder entender estos personajes extraños que encuentro en cada caminata.
Por ahora, para mi suerte, los paseos por calles ignotas han terminado. La casa está absolutamente lejana de todo. Sólo podrías llegar porque quienes habitan acá te han dado el permiso para hacerlo. Y no es que sencillamente saquen los clavos de la puerta, es esa serie de pequeños baches que tendrás que sortear para poder llegar. Raro en todo caso, porque sus corazones están abiertos igual que el antejardín, donde las dos gatas esperan pacientemente a que lleguen cada tarde. Abierta también está la terraza, basta rodear por uno u otro lado, puedes escoger pasar con tu hombro izquierdo hacia la ruma de leña que fácilmente entramos el otro día, entre sus viejas historias de auto-exilio y ajedrez, o bien pasar con tu hombro derecho la ropa que en esta época de calor infernal se coloca tiesa de tanto secarse (incluso con lluvia), conversando con aquella mujer rubia y orgullosa, que ríe por fuera y llora por dentro, para encontrar del otro lado, un árbol de guindas, un pino y un jardín. Las gatas probablemente te sigan si se dan cuenta que tú eres también uno de ellos.
Aunque te he mencionado el jardín como algo insignificante, al final de esa enumeración en la cual falta el columpio y varios árboles más, debes considerarlo con mucha atención, porque de ahí probablemente surja algo que puedas saborear como si estuvieras en tu propia casa. Y ahí, entre papas tiernas (de esas amarillas como las que saca mi abuela en Chiloé), quizás llegues a saber algo de esa amargura transformada en alegría, que no tengo por qué describir. Es que hay también algo que debes saber. Lo importante de toda este montón de palabras no es el hecho objetivo, fecha, hora de ocurrencia, personajes y lugar, como en esos tediosos listados de batallas con los grandes generales de uno y otro lado, cifras de muertos y cambios limítrofes. Lo realmente importante, es saber si es posible arrancar papas, lechugas y zanahorias de la tierra que consideramos reservorio de suciedad y destino final de todos nuestros pecados, en algo realmente sabroso que podrás llevarte a la boca o guardar en la mochila para llevártelo.
Hago un paréntesis. No es por ser majadero ni abusar de la paciencia de todos, pero te puedo decir que fue recién ahí cuando se me permitió cerrar el círculo claramente, saber que cuando sacas bocados de cada alimento te llevan a uno u otro lado. A veces puedes tener deslices, y eso lo entiendo, como también me sucede, pero no está demás al menos conocer y medir sus consecuencias. Yo creo que allá al menos tu hijo menor lo tiene claro, aún cuando parezca que todavía sus pasos en la vida adulta son frágiles. Siento que debo convencerte de lo contrario, pero para eso primero tengo que convencerme yo.
Es extraño, por decir lo menos, que me haya dado cuenta precisamente ahí, en ese lugar de tanta naturaleza, tanto campo, tanta tierra, de lo importante que es la comida, y tal como ellos en su gran jardín lo hacen, apreciar cada guinda, cada brote, cada preparación magnífica y añorar tanto estar nuevamente sentado frente a la mesa saboreando esos manjares que difícilmente podrás encontrar acá. Puedo estar exagerando un poco, ya hace tiempo que en Santiago nos invadieron con plásticos y grasa, pero lo esencial en este momento para mi es darse cuenta.
Nuevamente se me llena la boca de esa idea. Darse cuenta, entender, "cachar", es lo que podrás hacer si te quedas acá a descansar, como yo lo hice, mirando esa cara tan llena de risas y esos ojos azules bajo el pelo fuertemente amarillo, que con cariño te miran y te invitan a degustar ese queso añejo, repleto de historias tan lejanas y que sin embargo logré introducir sin que ellos pudieran darse cuenta en la mochila para llevármelas en el siguiente viaje.

Un abrazo grande para todos ustedes por allá, y especialmente para tí.

Ismael.


vendredi, août 25, 2006

Siéntate Radek (le amarro las manos a la silla con un alambre). No leíste ni el prólogo y te las vienes a dar ¿de qué?. ¿De culto? ¿Qué sabes tú? Te martirizas y lloras al cielo ¡oh los comunistas! ¡oh los húngaros! ¡oh los gitanos! ¿Y de qué? si eres un pobre tipo mediocre que ni siquiera sabe hacer bien su trabajo. ¿Con qué pie te levantaste hoy? Mira, te voy a explicar. Estamos aquí reunidos para darte castigo. Los gringos también están acá, ese con pinta de futbolista y los otros, esa con cara de tonta y la pareja de australianos. Yo, la verdad no se qué te lleva a insultarlos en checo. Pero si yo te hablara en castellano ¿ah? ¿y en chileno?: así rápido, como en el sur, subiendo el tono al final de la frase, cortando las eses y cambiando la conjugación; o peor, como un chofer de bus, ese sí que cambia toda V por B, no le pidas una S o una C o una Z, muéstrale tu carné de estudiante a ver qué te dice, camina hasta el fondo para que te asalten, pégate a los obreros sudorosos, dale el asiento a la vieja, roza el culo de la mina, pide permiso, cuélgate de la barra, no respondas el celular, bájate donde puedas. A ver si le entiendes. Ni yo le entiendo.
De ésta no te salvará nadie. El profesor sudafricano ha sido benevolente, él cree que tu pareja te dejó ese día y por eso estuviste de mal humor; yo pienso que eres así: un tipo cizañento e ignorante, lloriqueando por su patria ultrajada por los rusos. Y qué sabes tú de ultrajes, si han dejado que te pase por encima cualquiera, hasta los austro-húngaros que ya no son nada. ¿Prefieres a los alemanes?, como los que caminaban frente al reloj en la mañana, cantando cual horda de camisas pardas, todo porque su puto equipo de fútbol había ganado la noche anterior - y la verdad a mí este maldito mundial me tiene harto - tomando esa cerveza en la calle que dices que es tan buena. Basura. No tienes idea lo que es sentarse con un amigo verdadero, mexicano pero verdadero, a tomar una jarra allí en Irarrázaval con Macul, o en mi propio departamento, con ese otro amigo triste, cerca de donde se llevaron a Natino o Parada o Guerrero, no se, uno de ellos. Si huevón, eran comunistas, como mis padres y tantos otros que conozco. Si me acuerdo tan claramente de tu frase: "we were against Pinochet, but when we heard about the victims, and they were communists, we said: ok, kill them". ¿Por qué usas "we"? wi wi, de checks, ¿tú y quien más?, ¿tu madre?.
Oh, naiz capitalism, wi liv in in fridom. ¿Fridom para qué? Tu moral es igual, igual a la de aquella chica que se dice más izquierdista que los comunistas ¿Y sabes que?, es para la risa, tu moral es igual a la de ellos allá en Chile. Partamos por la chica, fíjate bien: ella cree tener el derecho de dirigir el tiempo y la distancia, cuándo sí, cuándo no. Te agenda porque tiene la moral para hacerlo. Dice que ha sufrido la pobreza y que lo suyo es estar con todos los desposeídos, por que sus valores le dan el poder para hacerlo. Sin bastarle con eso, se aferra a un cristianismo militante, católico, por lo que por partida doble se coloca sobre ti. Partida triple, puesto que ha sido tocada con el don de parecer prototipo de belleza y todos te querrán convencer que es la mujer perfecta. Partida cuádruple, porque se da el lujo de juzgar a las otras, esas que sólo hacen lo que su corazón les dicta: besar y acariciar. Ahora los otros: los hijos de los torturados y desaparecidos, siendo mártires creen poder decir y hacer lo que se les antoje, mientras estén rodeados de algunos que piensan como ellos, pero se cagan de miedo cuando están frente a los enemigos. Igual que tú frente a tus enemigos.
Te lo dije, la pareja de australianos tampoco te quiere. Todavía se están preguntando por qué mierda pagaron por ver a un tipo como tu enojado y aburrido. En esa plaza donde nos dejaste, me salió el inglés del alma, pero no para agradecerte, sino para decirle al profesor sudafricano todo lo burdo que eres. Él es tu opuesto sabes. Con sus años, ha logrado aprender eso que tu no sabes y que yo tengo la suerte de aprender ahora.
Reconozco que hice lo que pude, que fue bien poco por cierto. Te hablé al principio del tour. Te pregunté por qué estabas así y me respondiste en checo. Te podría haber contestado en chileno. Esa es la diferencia entre tú y Yo. Eso es lo que nos distancia en miles de kilómetros. Yo vivo al lado de todos ellos, los resentidos, y no se por qué, los veo como te veo ahora a ti; ni su dolor me llega ni les creo mucho, porque proyectan ese desprecio por todos nosotros, que es el mismo desprecio que tu proyectaste contra los demás. Y es por eso que te juzgo aquí, es mi oportunidad. Juzgas y prejuzgas. Impartes castigo. Se te olvidó algo: cuando el gato juzga, se pone de espaldas te araña y te muerde la muñeca hasta infectarte el tendón.

dimanche, août 20, 2006

Jamás verás escritas palabras como: puta, culo, lamer, tetas, gomas, detrás, sexo, meter, rica, darle, mina, forro. No menciones ningún detalle íntimo, ni aberración que te pase por la cabeza, aunque se hayan convertido realidad. Tampoco festines con lo que han hecho ni lo descarriada que resulte a ser esta u otra mujer. Nunca juzgues a una mujer por quién tomó la iniciativa o si esperaron a la tercera salida o si llegaron a un baile o hasta la cama misma.
¿La viste? Obvio po. Ta bien. Oh yes, oh my god. La tremenda *** Si, tiene el tremendo ***, debe tener como treinta y ocho, pero se ve espectacular. Oye te miró. Si se, ¿cachaste que fue a mi?. Si po, estai listo. ¿Y esa que estaba sentada? Ah la que se bajó en Namesti Miru, la de peto y pantalones apretados. Tenía tremendas *** y los ojos verdes. Media gracia, acá todas tienen los ojos verdes, son rubias y de piel blanca. Es que en realidad, la cagó. Es impresionante, la que se bajó en Mustek también, aunque era pelirroja; en el metro habían como tres para playboy, estaban pa puro *** . No, pero te tengo cachao, por algo me obligaste a seguir de largo y nos bajamos en la siguiente, la mina de la mini (jajaja, buena oh poeta). Pero si la loca ya se fue, ¿qué? ¿querías seguirla? Igual po, a ver qué onda. Y qué le vas a decir: Hello, I am chilean and I know how to dance salsa because I'm latino and all latin people dance and live in hot and sunny countries where we fuck all the night and day and we waste the rest of time watching soupoperas.
Oye, la cagaste, fíjate en tu polera, está marcada la sal del sudor. Bueno, es problema mío, por último aquí nadie me conoce y con este clima, las minas; es que a vó no más se te ocurre venir en junio, si sabíai que era pleno verano. Claro, seguro iba a seguir esperando allá si estaba hasta el cuello de pega, hace más de un año y medio que no me tomaba vacaciones. ¿Y esa vez que pasaste tres años? Ya, pero igual estaba en otra, ahora estoy más viejo y me he puesto medio mañoso. Ya, oye, ¿a qué hora es el tour? no lo se, creo que tipo tres, espero que valga la pena. Ándate. Pero ¿por qué?, porque la gringa se me acercó y quiero conversar con ella. Ya, está bien.
Hello, where are you from? From Chile, and you? From Australia, oh nice, yes, but I live in Scotland, ah, that's why you speak as politely as you can, jajaja, no, mi papá estaba viendo el mundial y me vine a dar una vuelta a Praga, él y mi hermano se quedaron en Frankfurt. Ah, oye, es simpática la guía, sí. Me cae bien ella. (...Y bueno, esta iglesia tiene dos torres, ¿notan la diferencia entre una y otra?... Pues sí, una es levemente más alta que la otra... Aquí vemos las placas que recuerdan a dos jóvenes que se lanzaron desde lo alto del museo cuando terminó la Primavera de Praga...), y es muy bonita también (...Este es el teatro donde Mozart estrenó su primera obra...) ayer fui a Ceski Krumlov o algo así, quería ir a ver también una fábrica de cerveza, pero creo que no voy a poder (...Esa es la razón de porqué hay un fantasma a la entrada del teatro...), y claro, ustedes tienen una historia parecida a los checos, dictadura, sí, en Chile es igual pero al revés, lo único que me queda claro es que al menos puedo entender a esta gente, dicen que mi abuelo llegaba llorando a casa después de ver lo que pasaba luego del golpe, él era militar, se retiró el 74, o mejor dicho lo retiraron.
Voy a ir a ver una obra de teatro negro a la noche. ¿Cómo se llama? Cats in Prague, no, el ticket tiene una niña algo pilucha, pero no es pornografía. ¿Quieres ir? No se, probablemente te acompañe (...y como en Praga hay muchos teatros, hay mucho panorama, pero por el idioma ustedes pueden ir a ver Teatro Negro...) Ah, viste que es conocido esto del teatro negro, tenías razón. Sí. ¿Vas a ir? te aseguro que no es pornografía. No se, ahí veo si te acompaño. ¿Qué es lo que más te gustó del tour? Todo me gustó ¿y a ti?. Bueno, ahora no se, pero te aseguro algo: en unos meses lo que más voy a recordar serán esas dos torres, una más grande que la otra, y todo gracias a una muchacha que me enseñará que en toda mujer una *** es siempre más grande que la otra.

vendredi, août 18, 2006

¿Se acuerdan Daniel, Ale, Cata, cuando nuestra madre al fin cumplió el sueño de tener aquel pelo largo? Primero, llegó hasta el suelo, abajo, en la cama, y luego, como guiado por algo o alguien, salió por la ventana hasta la reja y viró hasta la esquina. Ella se levantó asustada y miró, agarró unas tijeras y lo cortó a la altura del hombro, pero él seguía creciendo y creciendo, hasta el infinito.
Tanta frivolidad en uñas y teñidos, tantos senos exigidos al máximo, tanta pierna desechada, tanta grasa a la basura de otras mujeres, podrían llenar siquiera un poco su cuerpo, bello pero ínfimo, aunque ustedes saben bien que ella lo llena todo, está en todas partes, su presencia es más que cualquiera de nosotros en la casa, o que el ruido de la tele o la radio, los discos que coloca el Ale cuando se asoma dos horas apenas por ahí. Es igual que su nieto, ya les dije que él era todo, al tomarlo en brazos es gigante. Ella también; son su cuerpecito menudo, sus cuarenta y seis kilos de huesos y piel lo llenan todo.
Yo ahora estoy en este departamento en Praga y no hay nada que lo llene, ni Saramago ni Grass, ni las guías turísticas ni el humo de los cuatro o cinco cigarros que me he fumado en una hora; menos podría llenarlo yo, hasta ese techo de 3 metros de altura, estas dos camas que conmigo parecen vacías. Por eso cuando vi al gato de la señora, la dueña del edificio, sentí la presencia de alguien, y vi ese departamento lleno - no el mío - el de ella. Vacío está también el barrio, la estación Jihiro Podebrad y la calle Slavíkova, donde vine a caer después de aquel viaje fabuloso desde Lyon.
Así que salgo a caminar, buscando todo lo que me habían contado de Praga y no hay nada. Un barrio cualquiera como en Ñuñoa o Providencia. La torre de la televisión que detestan los checos por ser el último monumento comunista. La plaza como cualquiera, rayados infernales cubren las paredes y no falta el borracho durmiendo en un banco. Trato de llegar a la estación de trenes, para buscar alguna guía, llamar por teléfono y saber cómo diablos funcionaba ese maldito ticket de metro por tiempo. Una vez ahí salgo a fumar un cigarrillo al parque: mala idea, se ha acercado un tipo que me toma del brazo y me dice algo en un lenguaje indescifrable: lo justo y necesario es responderle en buen chileno,- apagar el cigarrillo y volver a la estación. Al menos ya tengo lo que necesito, por lo que sólo me falta un buen lugar para comer y dar un paseo en la poca tarde que quedaba. Maldito día de lluvia y calor, apenas logré comer y subir a la torre. Nuevamente el vacío. Arriba dos o tres parejas, un tipo vestido chabacanamente y una tipa vestida de puta. Un poco más allá una muchacha bella llora junto a su amiga, alternando el checo y el inglés, cantan una canción frívola que ya no recuerdo. Está claro que su "pololo" o su "novio" (¿o novia?) le ha jugado una mala pasada, como la vida nos las ha jugado tantas veces a cualquiera de nosotros. Me acerco cuando está sola y le pido que me saque una foto, prácticamente gesticulando y lanzando esquirlas de inglés para que me entienda... algo.
No hay más que hacer, solo volver y leer nuevamente, mirar el techo inmenso y sentir aquella sensación de vació mientras afuera llueve. Y una vez más, cuando parece que nada tiene sentido, te hacen una nueva jugada, alguien bota el tablero en el que ya te tenían en jaque de vacío y aburrimiento, aparecen mágicamente aquellas guías, folletos, trípticos y dípticos, Prague Walks, Kutna-Hora, Hradec Kralove, Plzen, Ceske Budejovice, Cesky Krumlov y la misma maldita Praga que te dice: "no seas imbécil, has hecho puras huevadas hoy, piensas siempre con el culo: ¿Acaso no sabes que soy la joya de Europa oriental?. ¡Te desafío a que me lo demuestres!

jeudi, août 17, 2006

Léelo. Coloco cada mano sobre la curva de tu trasero y te acerco a mí con fuerza. Te dejas llevar aunque no estamos bailando: da igual que los otros sigan tomando, conversando o siquiera intenten bailar. Nos miran de reojo y nos dejan solos, es grito a voces que hay algo entre nosotros. La línea de piel perfecta baja cóncava desde la última costilla hacia tu cadera, ondeando en el pantalón, donde se esconde parte de tu vientre, levemente inclinado, que baja hasta tu sexo donde podría refugiarme y volver a nacer; olvidar al fin los gusanos en la espalda y los treinta y dos años de veneno que llegaron hasta los huesos y las uñas aquella noche de enero, cuando dejé esa casa. Te abrazo y espero el beso que también tú esperas, te acerco y te aprieto fuerte contra mí, sabiendo que no cederás si no tomo Yo la iniciativa, esa que nunca tomé.
El gato descansa en la silla del bar en alguna calle que no recuerdo, en Skadarska, podría ser en Francuska o Dositejeva o Dobracina; observa sutilmente a la muchacha que es igual a aquella que no quiso besar. Toma la cerveza con sus garras y observa las caderas y más abajo, perfección absoluta... igual a la de ella, aquel pantalón apretado, aquella piel blanca y esas piernas. La muchacha serbia gira suavemente sobre su misma cadera y lo mira una, dos veces, y en el giro deja ver sus pechos pequeños pero firmes dentro del escote... igual al de ella. Claramente hay algunas diferencias. La polera de Ella era blanca, la de la chica del bar es rayada. Ella es más baja, la chica del bar más alta. Ella es distinguida y hasta un poco engreída, la chica del bar también. El gato observa y responde sutilmente el coqueteo. Es lindo el bar de Belgrado, pero está por llover. Tan lindo como los inmensos ojos verdes de esa otra muchacha, la de la heladería; sus ojos y mejillas te dicen que le has gustado y su compañera se ríe y te traduce - al inglés - "she said you are an interesting guy".
No, la ciudad no es bonita, no tiene antiguos edificios ni los museos de Paris, pero la amas porque cada viejo que ves te tiende la mano, cada joven se ríe de la foto que quieres sacar, cada vieja parece tener la historia de esa tierra eslava bañada en sangre en sus arrugas y cada mujer que ves es hermosa, gitana, árabe, eslava, todo en un mismo cuerpo.
Creyendo que eres italiano el mozo del bar te ha enviado un tipo que veía el partido de futbol allá adentro a traducir la carta, aunque sea al francés o a cualquier idioma que se parezca un poquito al español. La muchacha ya se ha ido. Se paró en ese movimiento que comienza levantando suavemente los muslos, hacia arriba estirando finalmente el pecho hacia adelante, con la cabeza sutilmente inclinada hacia tí. Como el azote de un látigo en cámara lenta: ¿Has visto alguna vez a las danzarinas árabes? Lo hacen igual, ondean prácticamente desde la punta de los pies hasta la cabeza, pasando por el vientre y el pecho, exagerando quizás con las manos y los brazos, pues claro, ellas son todo senos, todo ovarios, todo útero, todo hembra.
Sufres al ver la pobreza de aquella mujer gitana que lleva a su hijo de la mano. Atrás, igual que el niño, se levanta otra niña, descalza, los pies sucios como sus piernas, brazos y cara. Ni siquiera te miran o te piden dinero, ni menos se acercarán a verte la suerte o algo parecido, ni para eso tienen fuerzas. Ella también tiene esa belleza de ojos verdes y grandes, firmemente delineados, de labios delgados dispuestos a besar, el pelo negro o castaño o rubio o todos juntos. Ahí mismo... te sorprende la angustia de nuevo, como cuando cruzabas la frontera y se llevaban tu pasaporte, como cuando llegaste a Belgrado y no sabías si te quedabas o te ibas, como cuando leíste de la guerra en Yugoslavia y no entendiste nada, sólo supiste que caían nuevamente bombas como tantas veces han caído en esa ciudad. La misma que sientes cuando ves a Ruzsa Magdolna cantando Ederlezi, y ves a Perhan muriendo y su pavo volando para llevarlo al paraíso... o justo el segundo en que comienza ese llanto mientras la silla en llamas gira y gira en torno al Cristo boca abajo colgando de la cruz, con un soldado detrás que no es otro que el mejor amigo del hombre de la silla a quien mandó a matar.
Pero si es igual a la angustia que sentiste cuando soltaste su cadera y dijiste No. ¿Qué pasó por tu cabeza esa noche? No quisiste tenerla de amante, verla sufrir y a su hijo aún más y convertirte en el maldito bastardo cínico, como miles hay allá en el sur, detrás de la vida puritana, escondiendo mentiras y dolor bajo la pulcritud de la correcta familia observante, dejando bajo la alfombra sus visitas a prostitutas y travestis, despedidas de soltero e hijos ocultos, cocaína y piscolas.
Qué suerte que los gatos no tengan derecho a ser bautizados, a nadie se le pasó por la mente siquiera hacerlo contigo cuando no tenías derecho a escoger. Te librarás de todo eso; por último, si caes, no tienes nada que justificar, eres más moro que los mismos moros cientos de años atrás perdieron Zaragoza. Tendrás la dignidad. Aún cuando nunca la tengas a Ella (su polera blanca oculta sus pechos) ni su sonrisa, ni su vientre ni sus caderas que alguna vez llegaste a tener entre tus manos. Menos se te pase por la cabeza, el cuerpo de la muchacha serbia.

mardi, août 15, 2006

Oye.... pssss... ¿Qué? Despierta. ¿Para qué? Estás en Paris. Lo se. No me vengas con que el cambio de horario, ya se que tuviste una semana de mierda antes de venir, arrancaste de tu departamento, hiciste pedazos a tu tío, casi no dormiste, fuiste con una amiga esperando que algo pasara y sólo pasó una noche de tragos y joints con gente que no verás jamás (o sea, un carrete), fuiste a abrazar a tu abuelo que lloraba porque te quería. ¿Te vas a quedar ahí acostado leyendo ese libro? ¿Acaso le crees a Grass cuando dice que las mujeres antes tenían tres tetas y éramos todos felices?

El equipaje no está, se perdió cuando perdí el vuelo en Madrid. Más encima, todavía tengo el recuerdo del viejo argentino del avión, prácticamente las tuve que hacer de niñero. Ni siquiera una mina me tocó al lado...la brasilera del air france estaba rica ¿no?. No, de hecho era ahí no más. Pero claro, caes fácilmente cuando te halagan esos ojos azules y ese pelo rubio con los que te maldijeron de nacimiento, como la historia y las matemáticas que también han sido tu carga. Y bueno, esa mirada sexy y el portuñol te podrían haber llevado a besarla.
Heat of the moment, como en enero, al final del curso de francés, aunque ahí llegaste a la cama de una. O te llevaron... como siempre. Después de todo, a quién se le ocurre estudiar francés siendo ingeniero - esa es lengua muerta - tienes que aprender mandarín que está de moda y por el tratado de libre comercio y porque los autos van a ser todos chinos, y la velocidad la vas a tener que leer en números chinos y vas a perder tu pega y la isapre y la afp te van a echar porque los contratos vienen en mandarín. Pero el curso llegó justo a tiempo a salvarte el pellejo, así que no te quejes. Yo creo que fuiste por que te atraen los lugares imbuidos de feminidad. No es lo mismo que buscar mujeres, para eso llamas a un aviso del diario o te vas a una disco y no tienes pasta para eso. Las mujeres siempre moldean tu carácter supuestamente fuerte. Sobre todo cuando explotan esa feminidad maldita que adoras. Y eso que tienen sólo dos tetas.

Podría imaginar que no era un tío, si no una tía a quien aplasté con un dedo aquella noche. Sería lo mismo, porque ya lo he hecho antes, quebrar a alguien a punta de palabras. Fue desgastador. Los ojos irritados, abiertos, las facciones tiesas, la mirada penetrante, de pie dominando la situación, los brazos cruzados, los hombros dispuestos a un golpe por si su hijo se levantaba a pegar. Mi argumento devastador, la respuesta certera, una tras otra; lo fui dejando en la silla cada vez más débil, más viejo, más seguro de ser tan culpable, aunque si querer admitirlo. Y fue la hora de la verdad. La razón, mi razón, venció. Su esposa, aquel demonio cínico y farsante, tenía la ira brotando de cada poro, pero esta vez no pudo hacer nada. Y su hijo no existía, era mejor no hacerle daño por ahora, aunque el daño ya estuviera hecho. Lloré al día siguiente por haber derrotado y no haber ganado. Dos de la mañana y estaba hecho. Más encima, al otro día - al mismo día - me levanté temprano y fui a abrazar a mis abuelos, a sus mismísimos padres, esperando un sermón, me encuentro con lágrimas y un abrazo y la confirmación de que una vez más, tuve la razón. Se cerró al fin el círculo, no se a que costo.
Por eso prefiero seguir leyendo El Rodaballo en la pieza del hotel pensando que apenas conozco a dos de las 9 mujeres que componen el libro y que todavía me quedan muchas páginas. Además leo re-lento, los dos libros que traigo me hacen bulto y no quiero ni pensar en Belgrado con 7 kilos más en la mochila buscando hotel a las 5 de la mañana. Ya se lo que viene. Caminaré buscando sólo el siguiente punto de la historia, algo tan básico como un lugar para dormir, dónde comer, dónde lavar la ropa. Con suerte vendrán un par de edificios, iglesias, souvernirs, museos. Y ojalá que me entiendan... si no se hablar ni alemán, ni checo y menos croata.
La mina de la recepción no está mal. Además, te acaba de halagar tu francés, así que puedes caminar tranquilo, pedir un café, ir al baño y tomar una cerveza. Tu equipaje va a llegar porque te lo dijo la brasilera. Atrás puedes ver, dibujados, la casa que dejaste - gata incluida - el departamento - del que saldrás- las noches de pisco sour, el hombro que le tendiste a aquel que está desvalido, el asiento y ese computador que detestas, la cama nueva que compraste por y gracias a ella, el cariño a tu hermana tan herida - y su hijo que lo es todo en esa casa - la voz de tu padre cantando a Víctor Jara, el estacionamiento donde quedó tu auto guardado por un mes.
Los gusanos se están cayendo. Te levantas, estiras las patas y cada uña. La espalda se encorva muy alto, la piel tirita, la cabeza intenta salir de los hombros, las pupilas se dilatan precisas hasta ajustarse a la luz. Vas y!, es tiempo de comenzar a caminar.

lundi, août 14, 2006

Gatos. Fui a botar a la basura a uno el otro día. Tuve que hacerlo. La tournée du chat noir, cats in prague, crna macka beli macor, gato lopez, cats, lovecats. Au Paris il y a des chats aussi.
No se si comencé o terminé en Paris. Parecía cumplir el sueño de llegar a Europa, a verlo todo, a hablar idiomas diferentes; algo que parece tan cotidiano para muchos, e inimaginable para la mayoría. Ya llegar a la Serena les parece mucho, nótese que no hablo de dinero. Como el gato al que cambian de casa: de hambre, de enfermedad y ataques de sus congéneres, se caga, se mea, vomita y la mayor parte de las veces muere. Entonces, ¿cómo cresta hay tanto gato repartido por todos lados?.
No sabes, gato, qué significa llegar a Paris, solo, sucio, hediondo (como las bocas de gatos que alimentan con pescado en lata), de noche, sin equipaje (se perdió en España), sin saber qué hacer... ¡Ah cresta, que te quejai! Todo eso que hablas es, por lo demás, charlatanería. Es fácil llorar así cuando sabes que tienes la reserva del hotel. Que por último activas el seguro y te compras ropa - francesa más encima - ¡Ups!, ¿Acaso te crees "hombre de mundo", porque has tenido la suerte de pegarte un par de viajes por aquí o por allá?. Casi te ves como un evans dando lecciones de lo provinciano que eres, gato.
Pues te equivocas. Borra tus lamentos y mírate, solo en Paris, caminando por las calles. A nadie le importas, porque eres como un gato cualquiera. Partiste solo, te diste cuenta que ya no tenías nada y fuiste a buscar lo que no tenías. Fuiste a ver, a husmear, a escudriñar en la basura para ver si te gustaba. Pensaste: "viajo solo, es mi viaje personal, no como los anteriores, voy a ver esos lugares que nadie quiere recorrer, Croacia, Letonia, Serbia... (pero no me puedo perder Paris)". Soñaste: "me voy a quedar allá, vivir como un gato europeo, entre champagne (del verdadero), vinos y quesos (de cabra por favor)". Recordaste: "estuve acompañado, tuve mi gata y mi basurero propio, ya no tenía nada más que hacer que esperar la jubilación". Lamentaste: "la gata no estaba hace tiempo y tu te creías acompañado, jajajajaja, pobre gato callejero atropellado". Reiste: "ahora voy a estar donde tu hermano decía volar cuando chico".
Sólo te puedo decir, gato, que hay una cosa que marca la diferencia. Fuiste solo. Podrías haber ido a Australia, a San Pedro de Atacama, a Punta Arenas, a Rancagua. Da lo mismo. Pero éste es tu viaje de soledad. Ya has muerto una vez. No te creas que puedes resucitar (no seas patudo, eso se reserva sólo a algunos). Tal como en el teatro, debes morir antes de entrar en escena. En realidad, habías muerto hace mucho, pero no te habías dado cuenta... o mejor dicho, no querías aceptarlo. Como aquel gato que botaste el otro día, te ves en esa habitación del hotel, comenzando tu viaje, las cuencas sin ojos, la espalda con gusanos, el cuerpo tieso, el veneno ya diluido. Mírate, si ni siquiera puedes viajar cuando te da la gana. Definitivamente, no te da para hombre de mundo.