jeudi, septembre 28, 2006

-... qué se yo. Hueón, me preguntai a mí, vo' cachai que estuve casao 7 años, nunca tuve polola, onda polola polola po, con cuea 8 meses.
- Pero debo reconocerlo, teníai más arrastre que yo en la U.
- ¿yo más arrastre?
- si no me hubiera casao, todavía sería virgen.
- que eres pastel.
(la botella ha bajado hasta pedir otra, el 777 es un bar donde encuentras una drogadicta llorando y masturbándose con cada alcohólico que encuentra, o un par de idiotas con un lápiz aspirando, el olor a hierba y los baños a la vista cuando orinas, sandwiches de pernil)
- me llegó una foto de la X.
- Mándala... no, si la vi, la del e-mail. Tengo otra amiga que se llama X.... no hueón no he atracao con ella.
- pero si tu cachai to'o, no me engrupai con esa huea, la MX también salió contigo en la U.
- ... claro, fue rico haber atracao con ella y después ayudarla a vomitar. Aprendí a relajarme, a mandar a la chucha a la gente.
- si po, tu tení que disfrutar qu ahora estai soltero... sin hijos...las mujeres solteras después de los treinta quieren puro "eso"...
(los hijos, ¿Nina Hagen en la tv enseñando a masturbarse? viste de seda un vestido corto, Making love with his ego, Ziggy sucked up into his mind, lágrimas negras desde sus ojos, un pétalo rosa gigante en su cabeza, saca la lengua como si estuviera haciendo sexo oral a otra mujer, bizarro por decir lo menos)
- Yo no se na' de esa huea. Entiende... si yo con cuea me he acostado con 8 o 9 minas. La peor fue cuando vivía solo, allá en T, o sea, abajo de T, pero la huea la llamaban igual, pa puro dárselas. Casi me acuesto con la Arañita y la otra mina que tenía los ojos verdes: nótese, con las dos.
- Pta, viste, vos cachai mucho más que yo...
- Dale con la huea.
(remember me ...dream obscene... te siento tocándome, tocándote, la piel se hunde bajo tus dedos. Me arañas. Te sueltas, el cuerpo. No te mueves, dejas que te tomen de ¿la cadera o la cabeza? y te acuesten boca abajo... me enferma, me molesta, me gusta verte así, llego no se por donde hasta tu interior, lo más profundo).
- Me acuerdo cuando tu hermana te cachó... te olió hueón, saliste cagando a sacarte el calzoncillo.
- Te acordai de puras hueas.
- Pta el hueon cerdo, en realidá, no me extraña, te fuiste corta'o altiro con la M. Yo te dije que era tu mina y no me creías. Sabí que má, tai cagao, la huea es así no más. Te dai cuenta que no podí salir, es tu estado de equilibrio, anda tu a saber si estai bien así o no, yo cacho que sí.
( ¿Cuál es mejor?. Sufrir. La niña en el jardín, juega en el columpio. Te mira. Te abraza desde la pelvis hasta el hombro, mi pierna cruza las de ella, coloca su cabeza cerquita y sientes la respiración en tu cuello. Es una o la otra. Condenado a seguir hasta la eternidad. Amarrado al silencio, la mirada desde el jardín te abraza).
- La dura que no se qué onda, si creí que no te oculto algo, entonces me pajeo todos los días, si no, es que en realidad me he metí'o con cuanta mina se me ha pasa'o por delante. No tengo nada que contarte, ni se me ocurre qué inventarte.
- Ya po, no hueí. Cacha que acá tenemos un colega que se separo hace como 2 años... y es la envidia de todos lo' que estamo' casados... le llueven las mujeres...
- Pero hueon, no se trata de estar o no casa'o, no se trata de tener miles de minas o ninguna. Nunca vai a llegar a saber qué es realmente tener una mina, ni se te pasa por la mente porque son otro tipo de personas, otra raza hueón.... aaaahhh, estoy hablando hueas, el vodka me está haciendo mal, pero puta que digo la verdad con esta mierda. Sí oh, vodka en el 777, ¡seguro!
- La huea es que se enojó porque me llamó la X, me hizo el medio escándalo, quedó la cagá.
- Pero cómo hueon... en todo caso, igual te gusta la mina yo cacho que hasta ahora, pero igual po, si la mina no te ve hace años y siempre fueron amigos.
- Sí se po, pero ya pasó.
- ¿Cómo que ya pasó?, pta que tai cagao. A mi en todo caso, no me gusta ella, igual cacho que es media manipuladora, me acordé cuando estábamos en esa casa en T.
- yaaaa, ¿y?
- Que la muy maraca me estuvo calzoneando toda la noche y después se fue a acostar contigo, cuando te hueveaba con que si se podía sacar los pantalones. Me dio rabia esa huea, al otro día salí a andar en bici, llegué hasta el aerpuerrt, en la más escena cagona de película gringa, el sol llegando al mar y yo en la bici ...en bici po hueon... con el viento en el pelo, jurando que no iba a llorar nunca más por una mina. Má cliché la huea.
- Jajajajajaja, necesito otra chela, ¿o no? ...no se...sórdido este local.
(La MX tiene los ojos verdes, era virgen a los 24 y el deseo de ambos, de cualquiera en realidad. Pelo largo, negro, cintura minúscula, más alta que yo, pechos pequeños, pero sobre todo una mirada de puro sexo, pura cacha como dicen en Chile, hormona reprimida divago ahora).
- Creo que voy a vomitar.
- ¿Y no que no te curabai?
- No me curo, sólo boto el exceso de mierda y sigo tomando.
- Yo cacho que me voy a morir así tal cual.
(Se acerca con pies en punta, el tutú de raso, mejor la cambio por una cortesana ¿qué te imaginas cuando digo cortesana? a la usanza del siglo XVIII claro, hablando en francés, corsé y la mitad de los pechos exprimidos hacia afuera. Hace su entrada nuevamente, esta vez con un pantalón a la cadera, polera blanca ordinaria, luce un tatuaje cerca del ombligo: ándate, ya no se lo que quiero, entras como Nina o como ejecutiva de cuenta, me da igual).

mardi, septembre 26, 2006

No ha mencionado mi nariz, me di cuenta de inmediato cuando pasó de largo describiendo bien mis ojos, mis mejillas, las cejas y de ahí como si nada saltó a mi boca que quiere besarlo; lo he desafiado a lograr llevársela, pero sabe que será él quien me entregará la suya, y lo hundiré en mi cuerpo voluptuoso de 17 años, edad que no tengo pero que luzco siempre bajo estas chaquetas cortas o una blusa que permita resaltar mis pechos, esos que dejaré que toque sólo una vez, nunca desnudos, no vaya a ser que me compare con ella, tengo miedo que lo haga; para él fue tan fácil quitarle toda la ropa a sabiendas que así desnuda ella lo convertiría en una estampilla más de su filatelia de parejas, hombres o mujeres quedan pegados ahí en las hojas uno/una tras otro/otra. Yo también estoy ahí en una de sus hojas, justo antes que él, el muy maldito supo desde el primer momento.

No entiendo porqué dice ahora que la nariz encaja tan perfectamente en mi rostro ¿será donde le pedí de frente explicaciones por haberla saltado con tanta evidencia? Me cuenta uno y otro momento de su vida y parece que encajara también y tan bien en cada uno de sus segundos o minutos. Sé cuando estar, se cuando debo acercarme o hablar; lo vine a conocer justo cuando él necesitaba, yo lo llevé también a ella, se la ofrecí como un petit cadeau, arranqué a la nereida del agua, la envolví para salvarlo de la tierra que caía sobre su cuerpo pequeño, después de tantos años de muerte lenta, en el último instante lo encontramos justo las dos en harapos en una tumba mal tapada hundiéndose poco a poco en su casa, esa que no conozco, pero que ella sí logró ver sólo desde afuera.

Me dice incoherencias, quiere que mi nariz quede tal como está (cómo se le ocurre, en cuanto tenga dinero me la opero), ni más grande ni más pequeña, dice que más recta no resaltaría los ojos grandes con los que sutilmente desde el primer vaso de ron le he estado coqueteando, invitándolo poco a poco a besarme, como tiene que ser: él, hombre, debe tomar la iniciativa. Pero es un cobarde, se sonroja cada vez que hago la más mínima mención a conquistarme. Con la misma vergüenza me insinúa que yo podría haber estado ahí y ambas haberlo acogido simultáneamente en nuestros vientres, para terminar de una vez y para siempre esa agonía o convalecencia - ya ni se a estas alturas - que ha tenido que sufrir durante meses. Yo sólo me río, a él le gusta verme reír, dice que mi boca es hermosa así. Qué tonto es, niño y viejo al mismo tiempo, en un mismo cuerpo, sus roñosos esquemas de infancia en dictadura le pasaron la cuenta y no se atrevió a invitarme a compartir ese loco momento placentero.

No me gusta cuando dice que me quiere -aunque se que ese cariño es de un significado distinto - me hace sentir incómoda, como a ella que ante el miedo de verse atrapada, vociferó palabrerías y retórica cavernosa tratando de explicar algo que para nosotras es tan evidente y que él ya sabe. Me siento contenta, ha aprendido al fin, por eso de un momento a otro decido entregar mi boca tranquilamente y mis pechos para que los toque, justo uno más grande que otro, puedo caminar de la mano con él sin preocuparme de verme obligada a besarlo en cada cumpleaños, ni que va a venir a levantar una pata trasera para descargar su vejiga, cual perro para marcar su territorio. Puedo pasear tranquilamente por Paris o Avignon, donde caminó tan tranquilo y seguro, confiado, esgrimiendo esas palabras que fácilmente salen de su boca: quelqu'un, aussi, tienne, mienne, votre, derriere, moi, faire, j'ai besoin de t'embrasser, esas con las que se burlaba de mi impotencia por no poder hablar en público, cuando la angustia me calaba los huesos. Él ha vuelto de allá tan lejos solo para decirme que sí, que puedo al fin buscar a aquel otro hombre que me hará niña y mujer, que puedo rebuscar también en los misterios y mitos de merovingios y visigodos, toltecas o asirios, Haile Selaisse, Federico I, II, Catalina de Rusia, él los conoce desde pequeño entre libros y enciclopedias, y aunque se que no será él quien me los enseñe uno a uno, los puedo aprender porque tengo la fuerza y la inteligencia para hacerlo.

Allá en Paris desde donde viene perdí y gané casi todo. Ahora ya poco me importa, mi corazón hecho trizas encaja en mi vida como un suceso fechado, una batalla o una guerra, derrotada según mi punto de vista, vencida desde el suyo. En el bar y sólo por esta noche encajaremos bien, cada instante es necesario y preciso, no como esa vez cuando tuve que alejarme ligeramente, gracias a la gloriosa actuación de teleserie de ella. Ahora sí, él sabe la libertad que quiero, me puedo ir tranquila disfrutando mis 17 años y él puede descansar al fin en paz en esa tumba, cerrando así el círculo como mi nariz completa la belleza de mi rostro. Te voy a hacer caso. "Ya, está bien ohhhh, no voy a caminar agachá, pero si sabís que todos los hombres son mas chicos que yo.. ya se que no es excusa... está bien, voy a enderezar la columna y lucir orgullosa lo que tengo". Es ahora la última pieza del puzzle, el tornillo del mueble, la primera piedra del batiment, tan claro, tan básico: todos los libros que pasaron por sus manos no llenarán nunca eso que yo sí se hacer desde siempre, he sabido entregar, espontáneamente, sin ataduras, mi corazón, y es eso lo que envidia tanto. No sabe que eso es también vivir con las dos ninfas pequeñitas, tristeza y alegría, danzando entre los árboles siempre de la mano, o hadas, revoloteando con pequeñas alitas, cantando al mismo tiempo, esas dos con las que quiso él hacer el amor y que por ahora le están vedadas, sólo existen en cuentos olvidados.

dimanche, septembre 24, 2006

Hay cigarrillos que se fuman de mono, imitando a los que están a tu lado, entre alcohol y risas probablemente también piensan lo mismo y recíprocamente encienden uno tras otro, quemando azufre y respirando la nicotina que mancha los dedos por donde quizás también llega a la sangre. Otros, de nervios o temor ante situaciones angustiantes, de esas que te calan hasta los huesos de los pies, por ejemplo, al ver a la mujer que te gusta y acercarte a preguntarle si quiere bailar. Otros son simple compañía luego de un almuerzo, junto a un buen café de grano o un ácido café instantáneo. El de hoy fue en una banca de la plaza, mirando la bencinera justo al frente, intentando recordar las cientos de veces que pasé por ahí de niño, y tratando de ver si pasaba o no la micro que les serviría a los del paradero unos cuantos metros más allá. Entre lágrimas deseé que la pareja que cruzó hacia donde estaba no se acercara para verme así, porque todavía tengo vergüenza de llorar y tampoco quiero que Él me vea así, todavía no logra entender mucho de todo esto... todavía. Fue por eso que subí y me encerré en el dormitorio a escribir, menos mal que no me crucé con nadie a quien esconderle esta cara, los ojos rojos y la nariz repleta, evitando así mostrar tal cual soy.
Fumando me acordé de ti como nunca. Miento. Cuando el bus pasaba por entre los cientos de molinos de viento, me acordé de ti también, de eso no te quepa la menor duda, si hay alguien que yo hubiera deseado tener a mi lado en esa planicie tan lejos de acá eras Tu. Y luego, cuando tuve miedo de cruzar la frontera a Serbia, también quise verte en el asiento contiguo, porque sabía que todo podría haber sido mucho más fácil, quién más podría haber usado esa osadía que te nace a veces para arriesgarlo todo, no se si confiando en mí (en lo que crees que soy y que no lo soy), en que puedo poner mi hombro y ayudarte a caminar una vez más.
Quizás hubiera necesitado menos cigarrillos para la espera interminable en el ... terminal ... de buses de Belgrado. Seguramente el café hubiese sido más largo y el calor más soportable. Hubiera leído menos páginas, pero es no me importa tanto. Aunque no lo creas, a esas alturas ya estaba cansado, cansado tanto como ahora de la vida, y más que nunca te necesito. Necesito que tú también me des tu hombro y me ayudes a caminar, no se hacia adonde, todo el mundo me dice que es eso lo lindo, no saber el destino, pero yo también tengo mucho miedo: tampoco se si deba seguir trabajando, seguir estudiando, si comprar o no un departamento o un auto; tampoco he conocido el amor y menos se vivir mi vida.
Veo pasar uno y otro auto, sentado en el banco de esta plaza, me gustaría que fueras tú quien viene en uno de ellos, en el mejor, a buscarme y decir: "sube, estoy aquí contigo". No creas tampoco que soy el único: no se si tengo más fuerzas para seguir soportando la pena de cada segundo de vida... creo que sí. Sólo logro ver entre lágrimas, los molinos en Austria y tu no los combates a espada sobre un caballo flaco, si no que estás en la torre de control, dirigiendo y apretando miles de botones, observando cientos de luces de colores porque todo eso para ti es tan simple, tan evidente, que no terminaré nunca de sorprenderme, pararme frente a ti, abrazarte y decirte: "al fin está, lo lograste".
Hay lugares donde no quiero o no puedo fumarme un cigarro. Pero esta vez me voy a parar de la cama, pediré prestado uno o dos, los encenderé y nos reiremos juntos:
"No supongamos tanta dureza en el corazón del Rey..."
".. y es tan cercana de su sangre"

Anywhere.

mardi, septembre 19, 2006

Un pie. Primero levanta el talón, cualquiera de los dos. Luego la rodilla se curva, lenta o rápidamente, hacia adelante, la cadera se inclina sutilmente para avanzar, sin pensarlo demasiado. No se si se posa antes o después del siguiente movimiento, pero el talón opuesto también se mueve. Lo único seguro es posar con el primero para no perder el equilibrio, sin pensar, la mirada hacia adelante, fija en el punto que quieres alcanzar, es nada, es el objetivo, es el cuerpo que se mueve hacia allá, guiado por lo que tu quieras, el pecho, los hombros, la cadera, hasta llegar allá. El camino se hace así, alcanzando ese nuevo punto que es tu destino sin sentido: ya no existen esas raíces ni ese para qué ni el por qué ni desde dónde: estás perdido en esa tierra que no conoces y que sin embargo es tal como cualquier camino conocido, el pavimento bajo las zapatillas arde igual que cualquier verano, los árboles no refrescan nada y te quitan justo la sombra necesaria para seguir.
¿Volar será igual? La contradicción de no tener suelo y al mismo tiempo pisar una y otra vez la tierra que no te pertenece, te deja en la más absoluta incertidumbre; seguir parece el suicidio que más de alguna vez has anhelado, ahora ahogado en el sólo hecho de conocer y conocer más; parar significa perderlo todo, hasta el más mínimo rastro de vida que va quedando en el cuerpo cansado, pero cada vez más entero, a pesar de que la espalda ya está destrozada y la cabeza poco a poco se inclina llevando con ella todo el peso para destruirse quizás a miles de kilómetros de donde naciste, aunque no quepa la menor duda que quisiste llegar hasta aquí. Falta poco. Pero ¿para qué? Difícil saber cuando caminas sobre el vacío. Ahora te has definitivamente liberado de la vida anterior, esa plena que llevaba a la tumba feliz, con seguro de vida incluido, casa amoblada y rutina garantizada. ¿Pero para qué?
A la vuelta del sendero aparece una mujer mayor, con los pantalones abajo arrodillada, los talones también en el aire. Está orinando. Qué porquería, si es rucia igual que cualquiera de tu círculo, no hay diferencia entre ella y la más vulgar de la fonda dieciochera, esa con pómulos grandes y piernas gruesas, ropa plástica seguramente con hongos hasta las axilas. La una o la otra orinarán en el parque, Plitvicka Jezera o Parque Forestal, Las Siete Tazas o las Torres del Paine, pero pasa a ser sólo una anécdota del andar. Ya estás perdido, dentro de cada circuito A, B, C, D, E, F, G, 1, 2, 3, 4 da lo mismo, lo único raro es que el parque es más pequeño de lo que habías creído y pasan autos como en la carretera de cualquier pueblo miserable, seguramente han botado un pañal o restos de pollo frito por la ventana, pero no, acá está prohibido, maldito sea aquel que se atreva a perturbar la venerable belleza de una hoja, flor o zancudo. El verde es impresionante. Los árboles son iguales, pero distintos. No, definitivamente no son las mismas hojas ni las mismas raíces. El agua inmaculada - prohibido nadar y pescar - reboza de peces y patos que se acercan como si fueras otro pato u otra trucha a ser pescada.
Esto no tiene sentido. La esperanza de volver al suelo se hace más cercana y todo lo que quieres es terminar el viaje. El teléfono ha recibido un mensaje desde Chile que dice sencillamente: "si". Afirmativo sería tildado, pero es perdonable viniendo de allá, comprensible y hasta merecedor de burlas. "Si" tu estuvieras acá yo te habría amado. "Si" bailaras bien te besaría. "Si" fueras más alto te tomaría de la mano en la calle. "Sí" es distinto. El número es desconocido, por lo que buscas desesperadamente para ver si es o no el de ella, aunque claramente sabes que no es. Te haces la ilusión de que probablemente pidió el teléfono prestado y mandó el mensaje para decirte que bueno, ya que estás al final del camino, lograrás poseerla como trofeo de vitrina. La esperanza queda y el trecho apura. Hay que conocerlo todo, llegar hasta lo más profundo del parque y ojalá terminar un camino intransitable, trepar hasta lo más profundo de un riachuelo o escalar lo más alto de un monte.
A tu pesar, acá es todo perfecto. "Sí" es nada. Ahora es definitivo, ya sabes que significa la esperanza en nada, las ansias incontenibles se esfumaron como los peces cuando acercaste la mano al agua o la culebra bajo los arbustos. "Sí" es cuando estás frente a frente, contemplando su belleza y su cuerpo te lo dice indubitablemente. "Sí" es privilegio de algunos que pudieron plantar un árbol en casa evitando que se muriera. "Sí" es afirmación de promesa que no existe más que en cuentos de hadas, príncipes y princesas que viven para siempre en castillos encantados, jurándose amor eterno sin amantes ni dudas, mujeres que no pueden amar otras mujeres ni sospechar eternos juguetes sexuales. "Sí" es para los otros, los que tienen donde caminar.

jeudi, septembre 07, 2006

De qué sirven los diplomas en un costado del armario, el lápiz en madera colombiana grabado con tu nombre, el inglés y el francés mediocre, los halagos de tanta inteligencia ("tu puedes aprender cualquier cosa"), el dinero insuficiente a fin de mes, llega imaginariamente al bolsillo, el segundo lugar siempre en todo, este u otro viaje de Yucatán a las Torres, caminar infinitamente con miedo, si el tren se aleja poco a poco de esas luces al más puro estilo Tokio (según muestran las películas, claro) grandes, hasta el cielo, azules, rojas, rosas, negras... ¡ah! BladeRunner, casi casi, con la diferencia que tienes miedo al alcohol y ni hablar del aspecto físico, aunque sabes que no terminarás conduciendo un descapotable por el descampado lleno de flores y bosques a la distancia. Existe ese miedo y el frío en los pies, los que detesta ella (también detesta sus propios pies, y los de cualquiera que se quite los zapatos luciendo su desvergonzada desnudez) pero hace calor de los mil demonios y es buen momento para tomarse una cerveza, esa que te han extendido por sólo 2 euros 10; es la felicidad de al fin estar en el tren con el que jugabas de niño, soñando el mundo de "familias bien constituidas", en casas "ornamentadas adecuadamente", con calles para jugar y autos, uno a cada casa, y todos sus habitantes-mutantes iguales ante la ley.
Al fin y al cabo, todas esas mentiras no son más que cuentos para niños, burdamente relatadas para que te no te des cuenta que el destino es estar ahí durmiento en ese camarote junto a otros tres desconocidos, el olor nauseabundo de cuerpos en sueño temeroso, de puro miedo a cruzar la frontera, miedo a quedar del otro lado donde no se sabe qué podrías encontrar.
Por fuera es todo cuento de hadas, la ciudad de colores alejándose al vaivén del vagón, tú adentro, sabiendo perfectamente que es una experiencia única, sabes también que más allá no hay nada, nada de qué jactarse, nada para decir: "sí, aquí estuve yo, mírenme, fui martir contra los opresores de Chiapas, salvé vidas en Kosovo, cuidé del enfermo, invertí dinero en acciones (y estafé a cuanto idiota me encontré), tuve esta y esta otra y miles de mujeres perfectas que se arrodillaban ante mí para ofrecerme su sexo en vómito de sexualidad, grandes pechos y piel perfecta, culos inmensos, bocas y labios de vagina, piernas de metros que van desde el suelo hasta el lunar en la mejilla.
Nada de eso es cierto, como la mentira construida por un acto teatral, ese que estudias sin esperanzas de logro y perfección, como el francés, mentira de burbuja construida para proteger la fragilidad de una vida inútil, que no llega a final de ningún camino y terminará como muchas otras, burlada por La Vida, la que se ríe de tí para darle a los elegidos la verdadera oportunidad de un reconocimiento: podrá ser quizás una página del diario por suicidarse. O mejor todavía: ese que lo señalan y del que todos hablan, ese que tiene la puta más puta de la ciudad. Ese que es dueño de todos los supermercados, hijo de inmigrante. Aquel que viajó a Nepal. El protagonista de la película de moda.
Hasta el patético gerente apitutado, ese que es un hijo de militar admirador de tortura y asesinato político (y que probablemente sí estafó a muchos), o la maldita vieja católica de la televisión pueden llegar a ser motivo de esa nueva infección que te han sumado los gusanos en la espalda, la insana envidia.
Envidia que no servirá de nada, pues estás ahí en el departamento, reposando en la cama de pieza más chica y no ves la diferencia entre eso y el camarote sudoroso del tren que soñaste viajar cuando niño, dentro de esa casa en miniatura, y toda la pequeña villa realizada en la imaginación solamente. Parecían una realidad, sólo que tal como ahora, intuyes que es, como lo que tocas un accesorio de plástico perdido en la basura, ese árbol de pascua que también se fue en una bolsa negra, con luces y todo, ese bajo el cual te recostabas a jugar de niño esperando los regalos donde seguramente habría algo nuevo para el tren que había llegado la navidad anterior. La misma envidia que llevó a esa maldita mujer a tomarlo un día y condenarlo a morir aplastado en el camión, entre cajas de detergente, restos de comida, botellas y papeles.